Consumo responsable contra la obsolescencia programada

Es de dominio público que Apple ocupa el segundo lugar entre las empresas más grandes del mundo, reconocida por la venta de dispositivos electrónicos, accesorios y la oferta de su propio sistema operativo. El lanzamiento de cada versión de su popular Iphone convoca a miles de seguidores y la llegada de nuevos adeptos. De acuerdo a las fechas entre lanzamientos de este producto, en promedio es reemplazado cada dos o tres años. 


¿Esto significa que el producto sigue funcionando? En algunos casos la respuesta es sí, en otros, el equipo pasa a manos de un segundo usuario o en su defecto queda almacenado. Por otro lado, si un usuario continúa utilizando su equipo hasta el final de su vida útil, ésta se calcula alrededor de 5 a 6 años, tiempo en el cual se pausan las actualizaciones de las aplicaciones haciéndolas incompatibles, limitando su utilidad.


¿Por qué reemplazar en tan poco tiempo un dispositivo considerado de “lujo”? Las respuestas entre los consumidores serán parecidas, concluyendo que, tener la última versión de casi cualquier producto los mantiene a la vanguardia. 


Hemos dejado de preguntar por qué la vida útil de un artículo tan caro es tan corta, la respuesta en este caso no será popular, pero algunos señalarán que se trata de un ejemplo más de la obsolescencia programada.


La obsolescencia programada se refiere al tiempo de vida útil que los fabricantes han predispuesto para sus productos. Este término, cada vez más popular en foros de consumo responsable, se ha extendido no sólo a productos de uso tecnológico; hoy en día se asocia a los de consumo cotidiano, que van desde textiles hasta las bombillas.


El crecimiento económico basado en el capitalismo, ha consolidado grandes emporios generando trabajo a millones de personas. Por otro lado, diversas iniciativas han desarrollado modelos de negocio más éticos y sostenibles que responden a las necesidades de los consumidores y que toman en cuenta el impacto ambiental y la economía solidaria hacia un intercambio justo de productos.


Consumidores y usuarios

Existen una serie de aspectos que podemos considerar para tomar decisiones de compra:


  • Impacto ambiental que tiene el producto. El ciclo de vida que tiene; desde los recursos que se gastan en su producción, hasta el transporte, la distribución y los residuos que genera. 

  • Tipo de comercio al que se quiere apoyar. Revisar quién produce y distribuye el producto: grandes corporaciones internacionales, productores nacionales, regionales o locales; y si estos apoyan el desarrollo social con empleos dignos y bien remunerados.

  • Calidad. En ésta se puede considerar el impacto a la salud o su durabilidad en el uso. 


Empresarios o productores deben tomar en cuenta que:

  • Los recursos naturales renovables no se usen a una velocidad superior a su propia tasa de renovación.

  • Los recursos naturales no renovables tienen que ser utilizados a un ritmo equivalente a la tasa de sustitución por otros recursos renovables.

  • La emisión de residuos y contaminación no puede exceder la capacidad de asimilación y autodepuración de los ecosistemas.

En algunos casos, como Apple y Microsoft, se han desarrollado planes de reciclaje y la utilización de materiales reciclados y renovables; pues los productos tecnológicos ocupan uno de los principales lugares en la generación de residuos.

El consumismo no es algo que se deba estigmatizar, pues todos formamos parte del mismo sistema económico, el cual ha permitido el desarrollo de países y sociedades, pero tampoco se debe de tomar a la ligera. 

Aún somos capaces de ser consumidores responsables, ante una ola de productos que al parecer cada vez duran menos o deseamos reemplazarlos más rápido.


Datos

  • La humanidad generará 53.9 millones de toneladas de desechos electrónicos en 2025, si sigue la progresión actual, con un crecimiento del 3% anual. Así lo apunta un informe de la Oficina Internacional del Reciclaje (Bureau of International Recycling). 

  • En México, sólo se recicla 5% de los desechos textiles, según la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat) frente a países como Alemania, que llega hasta 65%. 

  • En sus inicios la vida de una bombilla estaba calculada alrededor de 80 mil horas, algunas del mercado calculan de 6 mil a 10 mil horas.

  • Se calcula que una prenda de vestir disminuyó el número de puestas un 60% con respecto a 20 años atrás.