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Hemos tenido la alegría de recibir al Papa Francisco en nuestras tierras mexicanas al inicio de este año. Además del gozo de estar muy cerca de la Cabeza visible de la Iglesia, es importante atender el mensaje al que esta- mos invitados a escuchar y vivir. Un punto esencial del Papa Francisco ha sido la edificación de la civilización del amor, como la gran causa del hombre.
La edificación de la civilización del amor no es algo ro- mántico. No se trata de unas palabras bonitas, pero, en el fondo, utópicas. En sentido cristiano, dicha “gran causa del hombre” es una invitación en la fe que tiene fundamentos reales.
El Papa Emérito Benedicto XVI, en su carta Encíclica Dios es Amor (Deus Caritas est), nos centra en la actitud fundamental del cristiano, que nos puede infundir auda- cia para edificar la civilización del amor:
“Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se co- mienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan ha- bía expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna» (cf. 3, 16). La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profun- didad Recibimos y amplitud. En efecto, el israelita cre-
Visita
del Papa Francisco
Por: Mtro. Ricardo Morales Rossell
yente reza cada día con las palabras del Libro del Deuteronomio que, como bien sabe, compendian el núcleo de su existencia: «Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas» (6, 4-5). Jesús, haciendo de ambos un único precepto, ha unido este mandamiento del amor a Dios con el del amor al prójimo, contenido en el Libro del Levítico: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (19, 18; cf. Mc 12, 29- 31). Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un «mandamiento», sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro”.
El mismo Benedicto XVI insiste que para poder comprender “Dios es Amor” en su plenitud, hay que acoger la escena bíblica “mirarán al que tras- pasaron” (Jn 19, 37), es decir, Jesús en la cruz con el costado abierto, pues “no hay amor más gran- de que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13). Así, nada tiene de romántico ni de dulce, humanamente hablando, la edificación de la civilización del amor. Pero sólo en el amor al prójimo está la respuesta a una civilización de paz y amor por la que tanto suspiramos.
Deseamos que la fraternidad franciscana que que- remos vivir y difundir en la Universidad Simón Bolí- var, sea motivo de encuentro en esta civilización del amor al que estamos invitados por el Papa Fran- cisco.
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