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PROMETEO
J. Humbert Mitología griega y romana
Prometeo es el más celebre de los Titanes, era hermano de Epimeteo e hijo de Japeto. Dotado de gran ingenio, consiguió formar un hombre con barro y comunicó la vida a esta masa inerte con una centella del carro del sol. Júpiter miró siempre con envidia esta obra admirable y ordenó a Vul- cano que formara, a su vez, una mujer y la diera a Prometeo por esposa. Esta mujer, que fue la primera que existió sobre la tierra, llamose Pandora. Nada de más bello era posible, y la asamblea de los dioses quedó de tal modo maravillada que la colmó de dones.
Minerva concediole la sabiduría, Mercurio la elocuencia, Apolo el talento para la música y Júpiter añadió a todos estos presentes una magnífica caja cuidadosamente cerrada que Pandora debía ofrendar a su esposo como regalo de boda.
Así, colmada de dones espirituales y de encantos físicos, Pandora fue con- ducida ante Prometeo a quien había sido destinada. Astuto por naturaleza, Prometeo receló de los presentes de un enemigo y no quiso recibir ni a Pandora ni la caja, y puso en guardia a su hermano. Epimeteo prometiole ser precavido, pero al ver a Pandora olvidose de la promesa. Aceptola por mujer y abrió la caja misteriosa en que se hallaban encerrados todos los males que pueden afligir a la raza humana (enfermedades, guerras, ham- bres, querellas, calamidades) que se extendieron muy pronto por toda la tierra. Horrorizado ante tal visión, Epimeteo cerró la caja, pero ya era de- masiado tarde: no quedaba ya dentro más que la esperanza.
Prometeo quiso pagar a Júpiter engaño por engaño. Con este intento sa- crificó dos bueyes, introdujo en la piel de uno de ellos la carne de las dos víctimas y en la piel del otro sólo puso los huesos; inmediatamente ofrendó al rey de los dioses los dos presentes rogándole que escogiera. Júpiter cayó en el engaño; escogió la piel que no contenía sino los huesos. Su cólera no reconoció límites y ordenó a Mercurio que se apoderara de Prometeo, le transportara sobre la cima del monte Cáucaso y le dejara allí atado, aña- diendo a este suplicio que un buitre debía devorarle las entrañas durante treinta mil años. La parte devorada se renovaba constantemente, con lo cual el tormento no tenía fin posible. De tal guisa durante muchos años sufría atroces dolores, cuando Hércules vino a Escitia y mató al buitre.
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Fuente: www.erepublik.com
Fuente: www.elblogdeyes.com/la-caja-de-pandora

