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InvEstIgaCIón UnIvErsItarIa MUltIDIsCIplInarIa - año 5, no5, DICIEMbrE 2006
Facultad de Ciencias Económico administrativas
El IDH surge como una iniciativa para clasificar los países en base a otras variables que no fueran las usadas tradicionalmente en economía (PIB, balanza comercial, consumo energético, desempleo, etc.), en educación (tasa de alfabetización, número de matri- culados según nivel educacional, etc,), en salud (tasa de natalidad, esperanza de vida, etc.) o en otras áreas (ejemplo, gasto militar). El IDH busca medir dichas variables a través de un índice compuesto, por medio de indicadores que se relacionan en los tres aspectos mencionados en forma sinóptica. El IDH:
“Es calculado desde 1993 por el Programa de las Nacio- nes Unidas para el Desarrollo (PNUD) en base al trabajo de investigación del economista pakistaní Mahbub ul Haq realizado en 1990. En gran parte, se basa en las ideas desarrolladas por Amartya Sen” (www.bancomundial.org.mx, 2006).
Pues bien, al 19 de mayo de 2006, el Índice de de- sarrollo humano en México ocupaba el lugar 53. Lo que nos señala esta posición es que, en lo que sería el resumen de la situación social de un país, México se encuentra en un lugar nada privilegia- do, lo que contrasta con la inserción del país entre las primeras doce economías del mundo según el criterio de su dimensión agregada (PIB total). Aún así, México se encuentra en el elenco de países de elevado desarrollo humano (sin embargo, entre los últimos lugares).
La desigualdad social en México y su comparación internacional
Para evaluar la gran desigualdad existente en la sociedad mexicana nos apoyamos en un reciente estudio en el que se describe que México es uno de los países donde las diferencias entre el sector más rico de la población y el resto son abismales. Esta relación explica en buena medida el alto grado de desigualdad en nuestro país, ya que:
“Los jóvenes mexicanos (15 a 19 años) que configuran una masa poblacional de 10.1 millones, registran la mayor desviación de años de escolaridad (14 años) lo que refleja extremos poblacionales jóvenes que no estudian o están poco capacitados para incorporarse al mercado de trabajo, situación que encadena un proceso de desigualdades, de bajos salarios y escasos ingresos“ (Székely, 1998).
Otro dato significativo que indica el mismo autor y que permite cerrar la explicación sobre el círculo de transmisión de desigualdad, se refiere al número de hijos y de educación promedio de la mujer en
la familia, donde a mayor educación de la mujer corresponden mejores oportunidades salariales de la familia, mayor participación laboral y menor informalidad, imitada por hijos mejor educados (así como menos hijos), un mayor ingreso familiar y por tanto una mejor distribución del ingreso.
Sobre este punto Székey nos remarca:
“Entre 10 países seleccionados de América Latina, México ocupa el quinto lugar en desigualdad y se ubica entre las doce sociedades más desiguales del mundo. Así, México estaría entre los países más desiguales de América Latina debido no sólo a la desproporcionada concentración en el 10% de la población más rica, sino también por las desigualdades educativas, las diferen- cias en la participación de la mujer, el número de hijos por familia y las diferentes oportunidades que ofrecen las distintas regiones del país.
Asimismo, en una interesante comparación internacio- nal , en donde se calcula el índice de Gini para México (1994) amputando el decil décimo de extrema concen- tración, resulta que México ocupa el doceavo lugar (de 16) en desigualdad en la región (sólo habría tres más igualitarios), y presenta una desigualdad menor que la de Estado Unidos. Esta comparación introduce un dato relevante y poco atendido: el problema de México no tiene que ver solamente con la pobreza extrema sino, fundamentalmente, con la riqueza excesiva. Dicho en otras palabras, la lucha contra la pobreza pasa necesariamente por una redistribución del ingreso; la deducción es relativamente fácil: México requiere una reforma fiscal que responda a criterios de calidad y equidad” (Székely, 1998).
Los estudios recientes sobre desigualdad social en el país confirman las tendencias señaladas, por lo que se puede señalar que Méxxico es un país de profunda desigualdad social.
Conclusión
Si manejamos la idea de que los principales aspectos económicos y sociales de México son asignaturas pendientes de estudiar y resolver para un mejor des- envolvimiento de la sociedad, entonces podríamos configurar, en las condiciones actuales, la siguiente tabla de calificaciones para el país:

