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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 12, No 12, ENERO - DICIEMBRE 2013
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Facultad de Ciencias Humanas
entonces candidato a la presidencia, Felipe Calderón Hinojosa, le pidió “canicas para jugar”, es decir:
... 15 diputaciones de representación proporcional de los que le corresponde directamente designar al comité nacional; cinco senadores de lista, que también le corresponde designar al CEN; 20 candidaturas de mayoría en distritos en los que el PAN había tenido éxito en los últimos procesos electorales, distritos ganables, y dos o tres candidaturas de mayoría de senadores (Cantú, 2011, p 27).
En breve, Calderón y Gordillo intercambiaron posicio- nes políticas por votos, a eso se le llama clientelismo electoral, no acuerdo político (Cantú, 2011, pp. 26-27).
Otra medida extralegal a la que recurren las dirigen- cias es al corporativismo, vocablo que se usa para referirse al sistema político mexicano del siglo XX, cuando el control político y la estabilidad se lograron a través de un sistema de negociación cupular entre los “sectores” del Partido Revolucionario Institucio- nal (PRI): obrero, agrario y popular, el presidente de la República y otros grupos de interés (Ugalde, 2012, p. 85). Este corporativismo es otra medida informal pero real a la que se recurre para hacer política.
En la esfera pública, las dirigencias recurren a la corrupción, al clientelismo y al corporativismo para conservar sus cargos y cometer abusos de poder en detrimento no sólo de sus representados, de sus agremiados, sino de los ciudadanos en general.
La mayoría de los dirigentes en ambos rubros, tanto público como privado, se consideran demócratas pero se olvidan de lo que dicen ser si atentan contra sus cargos e intereses económicos y políticos, contra sus privilegios excesivos; lo que quieren es perpe- tuarse en el poder, se pretenden vitalicios y hacen todo lo que está a su alcance para que así sea, ya que carecen de una cultura de la legalidad, su rendición de cuentas es mínima, además de que prevalece la impunidad, el cinismo, la soberbia y la cerrazón. En palabras de Henry Fréderic Amiel: No niego los de- rechos de la democracia, pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo.
Respecto a los ciudadanos, su cultura cívica y su participación en los asuntos públicos es mínima, su influencia no es suficiente para que nuestro gobier- no, a pesar de todo, democrático, funcione mejor, de manera eficaz (Zuckerman, 2002; Ugalde, 2012):
En el 2001, se llevó a cabo una Encuesta Nacional de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas [por parte de la Secretaría de Gobernación]. Al revisar los resultados de este ejercicio empírico le queda a uno la sensación de que, efectivamente, después de 71 años de un régimen autoritario hay un déficit ciudadano importante. A la hora de inquirir sobre aspectos reales de participación, salen a relucir los verdaderos niveles de apatía. Más del 90% de la población no ha platicado con ningún tipo de autoridad en los últimos 12 meses. 94% no ha participado en manifestaciones políticas en los últimos 3 o 4 años. Aproximadamente el 90% de la gente no ha ido a ningún tipo de reuniones participativas en bien de la comunidad (junta de vecinos, de iglesias, ejidales, etc.). Sólo el 10% ha asistido a su ayuntamiento o delegación para proponer, idear, apoyar proyectos o poner demandas. El 8% ha intentado mandar una carta o entrevistarse con el gobierno para plantear algunos problemas o necesidades. 68% dice que no simpatiza con algún partido político. 91% confiesa que no se ha involucrado para ayudar a resolver algún problema social. 95% no pertenece a ninguna organización civil (Zuckerman, 2002).
En cuanto a la neutralidad informativa que reclama- ba el #YoSoy132, no se trata sino de una entelequia, una aspiración formal, abstracta, que se enfrenta a la realidad empresarial, privada, por una parte, y por otra parte, estatal, pública, de los medios. Se puede adoptar una postura a favor de una u otra opción, incluso tender puentes entre ambas, siempre y cuando el objetivo que se tenga en la mira consista en hacer de México un gran país. De lo contrario, adoptar posturas radicales sólo dificulta, limita e in- cluso obstaculiza y paraliza los cambios que necesita el país para mejorar.
A pesar de todos los intentos del #YoSoy132 porque Peña Nieto perdiera la presidencia, no lo consiguió, tampoco logró que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) anulara la elección y aunque lo intentó, no impidió que el 1 de diciembre Enrique Peña Nieto tomara posesión como presidente.
En cuanto el PRI empiece a ejercer el poder desde la presidencia y sobre todo, si abusa de éste, no po- drá olvidar que los ciudadanos pueden organizarse una vez más y apostar por una República.com que pueda extrapolarse, en alguna medida, a la esfera pública tridimensional para modificarla, teniendo en la mira, el bienestar de la mayoría de los ciudadanos (Sustein, 2002).

