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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 10, No 10, DICIEMBRE 2011
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Facultad de Ciencias Humanas
Probablemente esta condición explique en parte, el por qué algunos estudiantes de licenciatura con cierta frecuencia consienten faltar el respeto y ser hostiles con sus pares. En posgrado la situación se invierte, poco más de una décima parte no tiene trabajo y más del 80% ya superó el “tránsito evolutivo”, por lo que la experiencia laboral y las mayores responsabilidades les permite continuar con sus estudios, aumenta el autocontrol, amino- ran los comportamientos hostiles o en su defecto los canalizan a otras esferas de su vida.
En el macrosistema se anclan ideologías dominan- tes que permean en las culturas juveniles, sobre todo a través de los filtros del exosistema - pro- gramas de t. v., publicidad, revistas para jóvenes, ídolos mediáticos, etc.-. Para Margulis y Urresti (2008) en cada época y sociedad hay “joven ideal”, no accesible a todos los sectores; en una sociedad consumista se trata de un joven sonriente, im- pecable, exitoso, seguro de sí mismo, seductor. Además hay un prototipo delineado para las clases dominantes al que aspiran los sectores medios, es el joven legítimo que condensa ciertas cualidades para la reproducción de los grupos dirigentes:
(...) la estrategia económica dominante inviste al heredero con valores renovados: rígidamente economicista – de la especie monetarista- agre- sivo en términos de la reingeniería de empresas, promotor de servicios personales, políticamente antiestatista, defensor de los valores de la fa- milia, productor de una imagen de confianza, obsesionado por el control de conflictos sea en gestión, en situaciones sociales críticas, o en la familia propia, opuesto a que se limiten la ga- nancia y se distribuya lo que se produce “indivi- dualmente” confiado en la expansión del sistema como solución de los problemas más generales, satisfecho por encontrarse en un mundo de com- petencia, en el que hay ganadores y perdedores (Margulis y Urresti, 2008, p.p. 18-19).
Derivado de este esquema muchos jóvenes de clase media, anhelan ser ganadores, mandar, obtener riqueza y prestigio, sometidos a mayores normatividades, exigencias, estrés, el mandato es ser agresivo en todos los órdenes. Retórica que se incorpora a las pretensiones de la clase social y familias de muchos de los universitarios.
Prototipos que se imponen y asumen nuestros universitarios, quienes en un afán por cubrir la
imagen de triunfador, cerca de tres cuartas par- tes de los varones de maestría reportan sentirse estresados con cierta frecuencia por el desem- peño académico; en el caso del grado inferior es alrededor del 60% de los alumnos. Para el género femenino en ambos grados es de aproximadamen- te el 60%. Lo interesante de estas cifras es que los varones con mayor nivel de estudio y edad son los más estresados pero son menos hostiles que sus pares de licenciatura, lo que demuestra que en los primeros están más presentes los mecanismos auto-reguladores de la agresión (mayor prepara- ción, responsabilidades sociales, madurez).
Los ámbitos macrosociales y el exosistema se en- trelazan con el microsistema de la U.S.B. La buena noticia es que la violencia no es algo que domine la vida cotidiana estudiantil, ya que ésta es cali- ficada por sus protagonistas como “ocasional” y disminuye la incidencia en posgrado. En la triada de maltrato (agresor-víctima-testigo), las y los alumnos que se sienten “ocasionalmente” victimi- zados proporcionalmente son más que cuando se identifican como agresores; en maestría se sienten mucho menos afectados.
Pero el mayor porcentaje en todos los subgrupos se ubica en el papel de testigos –al parecer sordos y mudos-. Aunque son mayoría, su nivel de inter- vención para pacificar se reduce a la tercera parte de la licenciatura y una décima de maestrías. Las y los discípulos de posgrado son menos propensos al maltrato entre iguales pero también los más ale- jados para intervenir ¿serán más tolerantes ante el abuso?, ¿opera la socialización que antepone el individualismo que desensibiliza?, ¿qué les motiva a no actuar? Habrá que buscar las respuestas; lo cierto es que no es deseable la pasividad ante el abuso de poder, ya que ésta se inscribe en una espiral creciente; en la práctica la protesta, un ¡ya basta! se convierten en potenciales inhibidores de los actos que dañan al Otro.
En la Universidad la violencia física es de las menos frecuentes (poco más de una décima parte) pero los tipos de hostilidad más comunes son los insul- tos, chismes y la marginación social, empleados por ambos grados y géneros.
Una buena proporción de los y las alumnas de la U.S.B. provienen de hogares (microsistema) donde ya se sembró el cambio de roles de género que

