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interlocutor privilegiado y como destinatario de muchas de las iniciativas” de estos organismos. Pero, por otra parte, “también conducen, sobre todo en el caso de los programas compensatorios y de alivio de la pobreza, a identificar a la sociedad civil exclusivamente con las redes de Organizaciones No Gubernamentales (ONG)” (Rabotnikof, 1999, p. 28), lo cual, cabe destacar, no significa incluir a cualquier tipo de ONG. Esto último porque:
La conveniencia y necesidad de la participación son resaltadas en este tipo de proyectos, [y en ellos], la sociedad civil (en las definiciones más simples o en las más complejas), encarna en las organizacio- nes religiosas, sociales y productivas –formales e informales- que operan en el nivel de la comunidad local, que, en los casos extremos, representan a “los sin voz” [y donde] “los pobres representados por las ONG terminan siendo la sociedad civil” (Rabotnikof, 1999, p. 36).
Lo anterior tiene gran relevancia para la cooperación internacional, puesto que el borramiento de la so- ciedad civil asume con esto toda su caracterización, al estar conformada por organizaciones5, “identi- ficada con el mercado, despolitizada e integrada culturalmente” (Rabotnikof, 1999:, p. 32), como si no existiera diferencia entre sociedades civiles, según país, región, municipio, etc.
Así, la sociedad civil es vista únicamente como in- tegrada por organizaciones, y las más de las veces de asistencia, lo que forma un concepto operativo, aséptico, sin conflicto -al no implicar contestata- riedad, desacuerdo, tensión, demanda, etc.-, en apariencia aplicable a todas las sociedades. En suma:
... los discursos neoliberales hegemónicos en América Latina han intentado despolitizar las re- laciones entre el Estado y la sociedad civil, anular simbólicamente la existencia de conflicto social, concentrar toda la atención en una cooperación indiferenciada entre ciudadanos [básicamente como ONG y organizaciones comunitarias] y gobierno, todo ello sin referencia y sin sustento en los derechos de ciudadanía. Este esfuerzo conceptual es coherente y complementario con el proyecto neoliberal en el plano económico (Isunza y Olvera, 2006, p. 380).
5 De estos argumentos proviene la crítica al uso del término “orga- nizaciones de la sociedad civil”, dado que “las organizaciones” no son la sociedad civil y por supuesto no se agota en ellas su repre- sentación.
En lo dicho debe reconocerse que los gobiernos y los organismos internacionales no son homo- géneos y en ellos cabe el impulso (que no deja de ser conflictivo) de “la verdadera” sociedad civil (la no desdibujada) como en el caso, por un lado, de algunos de sus municipios de Brasil (Arvitzer en De Sousa Santos, 2002), y por otro, en algunos docu- mentos del Banco Mundial con enfoques que abren la puerta “para recuperar el énfasis en políticas públicas activas, no sólo residuales y complemen- tarias” o asistenciales por parte de la sociedad civil (Rabotnikof, 1999, p. 42).
En el caso de México se permea este borramiento, que viene como una especie de “dictaminación” de los organismos internacionales y de los intereses de los gobernantes, difícil de sortear por la confluencia perversa que empieza en los lenguajes y que refleja la dilución y entremezcla de intencionalidades e intereses contrapuestos.
Hablando por ejemplo de un gobierno local mexi- cano, como lo es el del Distrito Federal, se exhibe que las formas de participación de “organizaciones sociales autónomas” no son “democratizadoras”, dado que siguen existiendo formas tradicionales de representación, resistencias técnicas y políticas de funcionarios y hasta de los mismos actores sociales (Ziccardi; 2004: 269). Además, hace falta un mayor reconocimiento de la participación autónoma de la sociedad civil que no sea sólo aquella institucionali- zada en programas con leyes, reglamentos y reglas de operación6 (Ziccardi, 2004, p. 249). Esto nos dice que el borramiento de la sociedad civil persiste con diversos matices, implicaciones y características, en función del contexto histórico-social en el que se ubiquen.
3.- El borramiento que no se consigue: conflic- tividad evadible pero no erradicable
Queda un sabor amargo cuando se habla de lo que podría calificarse como una manipulación, distorsión o retorcimiento de/en la sociedad civil y de la confluencia de proyectos políticos entera- mente dispares, sea de participación ciudadana,
6 Las críticas mencionadas no buscan nublar los importantes alcances del “proceso de democratización” que ha tenido lugar en la entidad. Por desgracia no es posible adentrarse a dichos alcances pero entre ellos destacan la reforma política, la creación de un gobierno en la entidad y del andamiaje institucional para darle cabida, la incorpo- ración de formas de participación ciudadana en las leyes y reglamen- tos lo que incluye la creación de la Ley de Participación Ciudadana con la participación activa de la sociedad civil entre muchas otros aspectos. cfr. Álvarez, et al., 2002, pp. 531- 565.
Facultad de Ciencias Humanas
INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 10, No 10, DICIEMBRE 2011
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