Page 66 - InvUnivMult2011
P. 66

Facultad de Ciencias Humanas
Dicho esto, se puede afirmar que la labor que pro- mueven los organismos internacionales, aún si se acepta que pudiera tener una parte de “buenas intenciones” y deseo de “mejorar las condiciones de vida” de la gente en los diferentes países, siendo asistencial, no busca y no logra que las personas –incluso con servicios y bienes provistos por medio de “los cinturones de transmisión” que resultan ser las “organizaciones de la sociedad civil”- superen su condición de grupos vulnerables.
Sobre este último punto, Cardarelli y Rosenfeld señalan:
Los agentes sociales [ONG] se inscriben usualmente en servicios ‘neodomésticos’ o de ‘reparación’, siempre enmarcados en situaciones intermedias entre el trabajo y la asistencia, formando parte de los múltiples submercados de la pobreza, hoy rei- vindicados como ‘economías de escala solidaria’... (Cardarelli y Rosenfeld, 2000, p. 40).
Así, recurrentemente no se subraya el carácter de
derechos y el aseguramiento de un piso básico necesidades sociales cubiertas como condición sine qua non para que las personas posean cierto grado de libertad, para que puedan participar en lo que atañe a sus comunidades, en las decisiones políticas y en “su desarrollo”.
El desarrollo social efectivo (Canto, 2009) debería promover, además del bienestar y el goce de ga- rantías fundamentales para el pleno desenvolvi- miento de las capacidades humanas, el impulso y el fortalecimiento para que las personas, grupos u organizaciones puedan mantenerse en esas condi- ciones y/o mejorarlas.
2.- La conflictividad eludida de la sociedad civil
Con este borramiento, la consecuencia elemental para la visión de sociedad civil que se maneja dentro de la cooperación internacional4 es que ésta termi- na por atender a “criterios de eficiencia y eficacia de la acción”. En coincidencia con “el principio de
4 A manera de apunte diremos que la cooperación internacional pu- ede entenderse como toda aquella “movilización de recursos técni- cos, humanos y financieros” que buscan contribuir a la resolución de problemáticas de “desarrollo” (Pérez Bravo y Sierra, 1998). La ampli- tud de las acciones de cooperación internacional hacen de ella una labor compleja, que redunda en la realización y ejecución de políti- cas, programas, proyectos y acciones cuyos objetivos atraviesan di- versos intereses, que van desde el impulso a objetivos sociales, hasta -en mayor o menor medida- la obtención de beneficios particulares de aquellos quienes la llevan adelante (sean países, organizaciones u organismos, instituciones nacionales o internacionales, etc.)
corresponsabilidad, orientando la interacción a una práctica cooperativa en la que el conflicto está conceptual y simbólicamente ausente” (Isunza y Olvera, 2006, p. 378).
Cabe continuar la crítica, derribando la idea de aquellos planteamientos que le dan al concepto de sociedad civil una carga valorativa enteramente positiva. Incluso, al hablar de transparencia y rendi- ción de cuentas, nociones y prácticas en boga en los últimos años, se mantiene esa confluencia perversa y un borramiento implícito de la sociedad civil.
Por una parte, la sociedad civil se ha movilizado en una reacción más estructurada y directa ante décadas (y hasta siglos) de corrupción, de burocra- tización “excesiva y nociva”, de poder discrecional y de falta de sanciones ante estas conductas por parte de los gobiernos, al tiempo que las movilizaciones por derechos humanos han reivindicado, entre otros, el derecho a la información y el derecho a la participación.
Esto último ha sido positivo para favorecer ejerci- cios –aún incipientes- de vigilancia de la labor de los gobiernos e incluso se ha alcanzado a los organismos internacionales, además de que la ola “ha revirado” hacia la sociedad civil, como una necesidad de que en particular las “organizaciones de la sociedad civil” rindan cuentas y mantengan su credibilidad y valía como actores sociales legítimos e incluso hasta representativos y eficaces en su actuar con las sociedades donde se movilizan (cfr. Gurza e Isunza, 2010, pp. 35-46).
Del mismo modo, la rendición de cuentas ha sido en muchos casos impulsada por los gobiernos y los organismos internacionales como parte de una estrategia para asegurar la eficacia y la eficiencia (Isunza y Olvera, 2006, pp. 379-380), con una pers- pectiva de fiscalización y de atención a los procesos, es decir, en un contexto de transformación estatal y del modelo económico capitalista que hace énfa- sis en la gerencia social y en la observancia de los territorios y las poblaciones con una perspectiva de usuarios de servicios y no de derechos.
En el caso de los organismos multilaterales de de- sarrollo, como hace ver Rabotnikof, hay “tres vías”, que son a la vez discursos de incorporación de la sociedad civil: “la participación, los enfoques sobre capital social, y el tema del buen gobierno”. Estas vías “conducen a identificar a la sociedad civil como
de
66
INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 10, No10, DICIEMBRE 2011


































































































   64   65   66   67   68