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Ciencias Económico Administrativas
un tanto ambiguo y transitorio, en tanto que sufre modificaciones según los intereses de las sociedades que lo definen y las tendencias teóricas vigentes que lo rigen.
Pero esto, que en primera instancia pudiera parecer paradójico e incongruente, en realidad no lo es, sobre todo cuando lo ambiguo, en contraposición a lo concreto y definido, implica dinamismo, cambio, vida; mientras que su contrapartida, deviene en un determinismo dogmático.
Así pues, de entre la vastedad de definiciones sobre liderazgo prevalece entre ellas el ejercicio de la auto- ridad y del mando que influye en el comportamiento de los demás y que se traduce en la satisfacción del grupo de trabajo –seguidores- por haber cumplido con los objetivos de la empresa o tarea emprendida. En este sentido, el liderazgo se entiende como un proceso de cambio, de transformación y transfigu- ración (Blanchard y Bowles, 1998).
Diversas concepciones sobre el liderazgo
Liderazgo: el mito elitista
Generalmente se relaciona el liderazgo con la cúspide de la institución social y, en este sentido, se percibe a los líderes como “especiales, diferentes y perte- necientes a una casta de elite” (Rodríguez, 2006). “Tufillo elitista” –como lo refiere Álvarez de Mon-, de donde se genera el mito (Murillo, 2006) del “ser” especial y carismático del líder y de su liderazgo. De- cimos líder y se piensa en el presidente de un país, en el decano de una escuela, en el director general de una empresa o en el gerente de un hospital, etc.; en donde, nuevamente, se confunde el liderazgo con las alturas del poder (Álvarez de Mon, 2006; Drucker, 1992).
Así pues, el líder es el motor de actividad que se ejerce desde el vértice del mando, inspirando y estimulando al grupo (Pruyne y Owen, 1998) para cumplir con el trabajo encomendado pero, como dice Viveros (2003), trascendiendo por sobre el interés común del cumplimiento de dichos objetivos. En otras palabras, la tarea fundamental que debe desarrollar el líder en las organizaciones –cualesquiera que éstas sean- es encontrar los atributos necesarios y suficientes, de acuerdo con un contexto determinado, que ayuden
a la creación de un sistema sustentable, con base en la transculturalidad (Valentín, Rivera, Mbawmbaw, Nieto y Téllez, 2005) y el conocimiento (Badaracco, 2002), puesto que valorar y manejar con efectividad la diversidad –o complejidad, como diría Morin (2007)- es un imperativo para competir con éxito en las organizaciones sociales, políticas, económicas, académicas o culturales.
Liderazgo y paradigmas
Los paradigmas han estado siempre al lado del hombre, desde sus inicios y hasta nuestros días y, seguramente, lo acompañarán hasta el fin de la humanidad (Nieto, 2001). Nos topamos con ellos a diario, unas personas más que otras, unas civilizaciones con mayor frecuencia que sus contrapartes; pero los paradigmas siempre se relacionan con el hombre, con sus percepciones y las interpretaciones que éste hace (Kuhn, 2000).
“Un paradigma está constituido por un cierto tipo de relación lógica (inclusión, conjunción, disyunción, exclusión) extremadamente fuerte entre nociones maestras, nociones clave, principios clave. Esa relación y esos principios van a gobernar todos los discursos que obedecen, inconscientemente, a su gobierno” (Morin, 2007, p. 154; Kuhn, 2000).
El paradigma de simplicidad es un paradigma que pone orden en el universo y persigue al desorden. El orden se reduce a una ley, a un principio. La simplicidad ve a lo uno y ve a lo múltiple, pero no puede ver que lo Uno puede, al mismo tiempo, ser Múltiple. El principio de simplicidad o bien separa lo que está ligado –disyun- ción-, o bien unifica lo que es diverso –reducción- (Mo- rin, 2007, p. 89).
“Dependiendo de que uno valorice al objeto, se valoriza, al mismo tiempo, al determinismo. Pero si uno valoriza al sujeto, la indeterminación se vuelve, entonces, riqueza, bullir de posibilidades, ¡libertad!” (Morin, 2007, pp. 68-69).
Al ser el liderazgo un proceso relacional de influen- cia entre líderes y seguidores en torno a objetivos comunes que realizan o desean llevar a cabo, dicho proceso implica una realidad paradigmática dinámica y compleja1 a la vez, pues las personas son y existen en realidad, se van formando y viven haciéndose
1 Según Edgar Morin, la complejidad reúne en sí orden, desor- den y organización y, en el seno de la organización, lo Uno y lo diverso. Lo complexus es lo que está tejido en conjunto: presenta la paradoja de lo Uno y lo múltiple. Un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados, que se presenta con los rasgos inquietantes de lo enredado, de lo inextricable, del des- orden, la ambigüedad, la incertidumbre (Morin, 2007, pp. 24-33).
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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 8, No8, DICIEMBRE 2009

