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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 10, No10, DICIEMBRE 2011
Facultad de Ciencias Humanas
Varios discursos, que son alegaciones, siendo así que ‘los hechos’ expuestos ante los jueces (toga- dos o legos) no serán ya entonces otra cosa que los hechos alegados en la controversia del dis- curso de los hechos. De la aportación discursiva de tales ‘hechos’ se va luego, desde ahora como hechos aportados que pueden ser probados, a la verificación de la actividad probatoria, o sea, a los hechos aportados que deben ser aprobados, de donde a su vez como hechos probados pasan a hechos establecidos por el juez (o jurado) en el ‘juicio de hecho’, cuyo modelo discursivo es un relato que ha de poseer coherencia narrativa y que así suministra el argumento maestro sobre el que pivota la traducción normativa o ‘juicio de derecho’ (Calvo, 2007, p. 11).
En este mismo sentido, es necesario considerar que “como quiera que dé frente al material fác- tico, la tarea de la interpretación operativa se dirige a averiguar qué sucedió y, si sucedió, cómo; no será el hecho donde señale el punto de mira interpretativo, sino al acontecer del hecho o a su no acontecer (nuevamente, no tanto importan en- tonces los hechos como el discurso de los hechos” (Calvo, 1998, p. 37).
Tal como el narrador borgeano del cuento El Muerto (Borges, 1984), donde se nos propone reconstruir “la verdad” de lo sucedido con el jo- ven delincuente Benjamín Otálora y para ello se procede narrando la encadenación de hechos que llevan a la muerte final de éste, el juez se convierte en ese gran narrador, que no conoce una verdad sino al menos dos versiones de la verdad que está dispuesto a considerar para crear una verdad final; es decir, para crear una realidad.
Igual ocurre en la literatura, realista y no realista, aunque el Realismo literario (como el de Balzac o Galdós) y pictórico (el de Courbet) llevó a cabo una significativa profundización en la construcción artística de la realidad. Recordemos que Azorín decía: “con la lectura de los libros extranjeros aprendí una cosa esencial: la que toda la literatu- ra, sea poema, novela o drama, no puede subsistir si no se apoya en una base auténtica y sólida de la realidad”. Pero sin entrar en la discusión sobre qué es o no la realidad, preferimos utilizar, quizá, el concepto “efecto de realidad” desarrollado por Roland Barthes (1913-1980).
En el artículo de Ángeles Ezama Gil, “Construcción de la realidad y ficción narrativa en la prosa de Valera: de la correspondencia de Estébanez Calde- rón a la novela Genio y figura” (2006), se plantea la distancia que estableció Juan Valera entre los relatos sobre Brasil, en su etapa de secretario de la legación en ese país, reflejados en las cartas escritas a Estébanez Calderón con respecto a la traslación de ese mismo país y sus ambientes... a la novela citada. Aunque sabemos que el escritor desdeñaba la realidad y concebía la novela como una “historia fingida” en la que se tenía que respetar la regla de verosimilitud, no así en la construcción de los personajes –especialmente los femeninos-, se produce un gran paralelismo entre las cartas y la novela. Es decir, se reconstruye una verdad y se narra en la novela. Como señaló la autora del artículo:
Genio y figura nos ofrece sólo una parte de la realidad brasileña conocida por Valera y recogi- da en sus cartas, aquella que mejor se acomoda a lograr el efecto de realidad que caracteriza a la novela; de ahí que se seleccionen, en particular, los aspectos que mejor ilustran el ‘color local’; de ahí también que la acomodación del material narrativo se realice de forma bastante ajustada (Ezama Gil, 2006).
Un tipo de narración es la literaria, aunque esto no invalida el principio bartheano de que la obra literaria presenta otras fuentes de significado y relevancia que van más allá de las supuestas inten- ciones de un narrador o escritor... Y posiblemente aquí se encuentre el elemento que complementa la narración: es el oyente, el lector quien elabora un tipo de significado (sincrónico) no dado por el autor. Como recordaba R. Barthes un texto ideal debiera ser reversible; es decir, abierto a una gran variedad de interpretaciones diferentes.
En el caso del discurso periodístico, sobre cuyos planteamientos hay más consenso, se observa el desarrollo de un relato que no constituye un reflejo de la realidad, puesto que la narración periodística se nutre de elementos narratológicos y lingüísticos propios de la ficción y la historia (descripción de hechos). Por tanto, el discurso literario, el de la prensa y el jurídico-judicial con- figuran un relato sobre la base de la acción inter- pretante, tanto del lector, del juez, del periodista, de los hechos y los actores, con el propósito de

