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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 10, No 10, DICIEMBRE 2011
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Facultad de Ciencias Humanas
proporcionar una versión final y dominante de los acontecimientos narrados. En palabras de De Fontcuberta y Borrat:
Al mostrar que situaciones y acontecimientos diversos pueden componer una estructura sig- nificante (o viceversa) y, más específicamente, al dar su propia forma de orden y coherencia a una realidad posible, la narrativa ofrece modelos para su transformación o redescripción y media entre la ley de lo que es y el deseo humano de lo que puede ser. (De Fontcuberta y Borrat, 2006, p. 315).
Así entonces, tanto el juez cuando emite una sentencia, como el periodista cuando redacta una noticia basándose o tomando como referencia esa sentencia, ocupan un rol de poder que se sustenta en la capacidad de producir y publicar las versio- nes definitivas del relato. Según De Fontcuberta y Borrat (2006, p. 318): “Los autores disponen así de formidables recursos de poder narrativo: carac- terizan a los personajes positiva o negativamente, según les convenga, atribuyéndoles intenciones que no pueden probar, pero que tampoco ad- miten pruebas en sentido contrario (puesto que sus críticos sólo podrían lanzar contra ellos otras hipótesis alternativas”.
En definitiva, se puede señalar que en el caso del discurso de la prensa, los periodistas escriben rela- tos “con su estructura, su orden, su punto de vista y sus valores. Los medios modelan, a la vez que reflejan la configuración y la expresión de la cul- tura, la política, la vida social” (De Fontcuberta y Borrat, 2006, p. 324). Y, efectivamente, “la noticia se transforma de esta manera en una tecnología, no sólo cognitiva, sino productora de lo real: es historia que crea historias” (Sodrè, 1998, p. 139).
Por otra parte, hay dos aspectos relevantes en la producción del discurso periodístico. Uno de ellos es la rutina, considerada por De Fontcuberta y Bo- rrat como “la aplicación de ese código no escrito al trabajo cotidiano de un profesional y si tiene razón de ser, en algunos casos, en otros no es más que el de una serie de rutinas profesionales que terminan por instalarse en el proceso informativo [más específicamente] las rutinas son prácticas que los periodistas repiten cotidianamente como un ri- tual que se aplica a todo el proceso de producción de las noticias” (De Fontcuberta y Borrat 2006, p.
67). En síntesis, lo que observamos en la lógica y las dinámicas de estructuración, organización y producción discursiva de la prensa es que “não há uma realidade reproducida fielmente no jornalis- mo, mas uma realidade ‘produzida’ pelos meios de comunicação e apresentada como reprodução do real, daquilo que de fato aconteceu” (Barreiros, 2003, p. 105).
Por último, debemos considerar que la prensa tiene un carácter marcadamente institucional, de hecho “la noticia es, inevitablemente, un producto de los informadores que actúan dentro de procesos institucionales y de conformidad con prácticas institucionales” (Tuchman, 1983, p. 16). Y del mismo modo no está al margen de los cam- bios histórico-políticos, en cuyo caso su función va desde una noción mesiánica, pasando por una concepción especular, hasta la instalación de la idea de un “nuevo poder” (ya sea como “cuarto poder” o como “contrapoder”). No obstante, no debemos “creer que el poder informativo estaría en la cima de los otros poderes: se impondría al legislativo, trazaría los criterios del judicial, y ten- dría la fuerza para designar, mantener o destruir al ejecutivo” (Zegers, 1998, pp. 7 y 8).
Conclusión
Conforme al propósito comparativo del discurso de la prensa (noticias policiales) y del discurso jurídico-judicial (sentencias penales) podemos señalar, en general, que “todo texto refleja, por lo menos, algunos rasgos de poder, según sea la relación de poder en la que esté inserto” (Pardo, 1992, p. 53), y, en lo específico, que los medios masivos: (a) promueven en forma predominante las voces del poder social establecido (Miralles, 2001; Van Dijk, 1990; Chang, 1989), y (b) velan por la mantención del modelo liberal: “Es signifi- cativo que el periodismo haya seguido el modelo general de la teoría liberal de la ciudadanía [...] al igual que del concepto de cultura política, porque excluye la participación del ciudadano en la toma de decisiones y porque coloca la opinión pública en el ámbito privado” (Miralles, 2001, pp. 18 y 19).
En tal sentido debemos advertir que: (a) la re- presentación de los actores sociales puede tener efectos sociales e ideológicos (Fairclough, 1995).


































































































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