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Facultad de Ciencias Humanas
En este trabajo coincidimos y profundizamos en los argumentos de quienes aseguran que esta confluen- cia discursiva fue indicativa de una visión hegemó- nica que tras esa “aparente unidad de conceptos y propósitos... ocultaba una diversidad de programas y una idea pobre y reduccionista de la sociedad civil” (Isunza y Olvera, 2006, p. 325).
Desarrollo
1.- El borramiento de la sociedad civil en orga- nismos internacionales
El hablar de borramiento1 nos permite reconocer procesos que denotan una “falta de claridad” res- pecto a lo que es y a lo que debe ser la sociedad civil, es decir, lo que corresponde a las nociones descriptiva y prescriptiva de la sociedad civil (Wen- ces, 2010, p. 33).
Dicho borramiento es deliberado por parte de gobiernos y organismos internacionales, princi- palmente, y es también consecuencia del actuar cotidiano, en muchos casos no intencional, por parte de académicos y los propios actores sociales al hacer uso de éste y de otros conceptos para alu- dir a actores de “la sociedad civil” o a una parte de ella: Organizaciones No Gubernamentales, Tercer Sector, Organizaciones de la Sociedad Civil, entre otros.
El recuento de tal “borramiento” conceptual em- pieza y termina en lo social: configura, determina y condiciona formas de comprender y de actuar frente y en conjunto con los actores nombrados, etiquetados, definidos, (de)limitados y/o (re) configurados.
1 El borramiento implica pues un proceso, a la manera de desdibuja- miento. En este caso, nos referimos a la incorporación de la sociedad civil a “los entramados institucionales” de gobiernos, organismos in- ternacionales y sus políticas, programas y proyectos, subordinando sus agendas a las directrices de estas entidades. Cabe apuntar que esto no implica que la sociedad civil quede “borrada”, se recono- cen matices y se acepta que aún y cuando el trabajo de un núme- ro importante de organizaciones gira en torno a la órbita de estas instituciones, otra cantidad significativa de grupos organizados de la sociedad civil adquieren la capacidad de sortear dichos entrama- dos, movilizándolos a su favor no sólo para la obtención de recursos, sino para coadyuvar a transformaciones en políticas internacionales y nacionales, en diferentes niveles de interlocución e incidencia, en diversas temáticas y sectores.
Como bien apuntan Isunza y Olvera:
... la multiplicidad de voces pronunciando las mismas palabras con significados distintos, tanto en el Estado [y en los organismos internacionales] como en la sociedad, contribuye a la confusión, disminuye la capacidad crítica en la sociedad civil, hace más difícil distinguir proyectos políticos en pugna y ubicar las innovaciones democráticas con mayor potencial de transformación (Isunza y Olvera, 2006, pp. 380-381).
Esto sin duda responde a lógicas y procesos sociales más amplios; no se dan en el vacío, tiene un lugar espacio-temporal particular. Los procesos de glo- balización, la pérdida de centralidad del Estado, su debilitamiento y su crisis de legitimidad2 conllevan “una especie de fragmentación de los espacios de la acción social, tanto públicos como privados. La pluralidad social, cultural y moral de la sociedad se incrementa a grados nunca antes vistos, de tal forma que emergen identidades múltiples y superpuestas que difícilmente encuentran un referente común” (Isunza y Olvera, 2006, p. 371).
Esta mayor complejidad social, además de caracte- rizar la emergencia de una sociedad civil sui géneris (de la mano de los nuevos movimientos sociales y la incorporación de actores de manera intensa en pro- gramas de gobierno y de organismos internacionales como interlocutores diferentes, demandantes de transparencia y rendición de cuentas) es clave para comprender las razones de su borramiento, pues- to que el propio proceso de descentramiento del Estado se vincula con la entrada de nuevos actores sociales para cubrir los espacios que éste ocupaba.
Sin embargo, a pesar de esta complejidad, a partir de la última década del siglo XX, se delineó, en apa- riencia, un proyecto político y social para “la sociedad civil”: una forma de “ser” y un “deber ser”. Lo que por
2 Para apuntar con mayor precisión sobre estos procesos, diremos que es posible caracterizar contextos históricos que van de la mano con lo que puede comprenderse como la reemergencia de la sociedad civil, que tienen que ver con “las transiciones a la democracia”, “las crisis de los socialismos” en Europa del Este, la crisis del Estado de Bienestar y la crisis de legitimidad del Estado. (Véanse Cunill, 1999; Rabotnikof, 1999 y Wences, 2010). Si se observa esto con detenimiento, es po- sible afirmar que efectivamente, los grandes procesos de transfor- mación estatal y el más amplio de implantación del neoliberalismo y del auge de la globalización son los que han determinado estos contextos. Tanto el proceso de transformación estatal como aquél de reconfiguración del modelo económico capitalista marcan la época y dan los elementos más sólidos para comprender los cambios sociales en todos los niveles, de lo que no se eximen la sociedad civil, la par- ticipación ciudadana, la rendición de cuentas, la democracia y otros tópicos afines, de ahí que los resaltemos como elementales.
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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 10, No10, DICIEMBRE 2011


































































































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