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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 10, No 10, DICIEMBRE 2011
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Escuela de Educación Primaria
La leyenda como parte de la literatura no tienen una función única y específica, por el contrario, es mul- tifuncional. En general, las funciones se establecen en dos sentidos, una la constituye –explicita o implí- citamente- el emisor (autor) y la otra, el receptor. El autor -o autores- es un medio de expresión de ideas, conocimientos, preceptos, sucesos y sentimientos, que puede propiciar afectividad o rechazo. Es un producto y refleja un contexto histórico. También un medio de transmisión o fomento de la ideología, la cultura, la religión o de la ética. Asimismo, es una manifestación artística que a través de la palabra –oral o escrita- permite un gozo en ambos sentidos.
En algunos pueblos las leyendas, igual que los mitos, han servido como elementos de cohesión y permi- ten conocer el funcionamiento de sus cultos, como ocurre en Australia; en otros lugares –en el norte de América- la narración es parte de un rito que tiene como finalidad la petición de buenos augurios en el desarrollo de las actividades económicas (la caza o la agricultura) o para una intervención armada. Al respecto Arnold van Gennep comenta:
El recitar, en sí mismo, tiene una acción eficiente, en tanto que es un rito indispensable; se cuenta la ceremonia a medida que se desarrolla, se explica cada fase, a la vez a los participantes humanos y a los agentes sobrenaturales (tótems, animales sagrados, divinidades de toda clase, dioses) (Van Gennep, 1982, p. 37).
La importancia de la leyenda está ligada a la fun- cionalidad y en forma similar se identifica en dos vertientes. La importancia para quien la realiza, pre- serva y difunde y para quien escucha, lee, disfruta o estudia. En el primer caso, se agrega la cuestión de que la leyenda es uno de los elementos que fortalecen la identidad de lugar o de una nación y también puede propiciar el arraigo al terruño. Para la segunda vertiente, la importancia dependerá de quién la estudia y con qué fin. Tendrá un valor histórico por su contenido (sucesos que se narran) y por su antigüedad, y un valor documental, cuan- do el libro de la o las leyendas sea de una primera edición, cuando sea el único escrito con leyendas inéditas o cuando se acompañe de ilustraciones de algún artista de renombre, entre otras cuestiones. Tendrá un valor etnográfico, cuando a través de la narración se identifican costumbres o formas de vida de una población. El valor geográfico, por el recono- cimiento de lugares, la descripción de características del medio natural o social o de su propagación
territorial. Finalmente, aunque pueden existir más, la importancia psicológica, porque a través de su análisis se puede interpretar el estado anímico o de personalidad de su autor y de los protagonistas, como reflejo del momento en que se realizó.
Historia
Durante el siglo XIX, en diversos países de Europa se inició el proceso de recolección escrita de las cos- tumbres, canciones, mitos, cuentos y leyendas, en particular de poblaciones pequeñas y dispersas, la mayoría alejados de las ciudades. También de lugares habitados por personas de bajos ingresos tanto en las zonas rurales como urbanas. La perdurabilidad hasta entonces había sido a través de la trasmisión de generación en generación -en general-, por imi- tación -en el caso de las costumbres- y por medio de la expresión oral -para los relatos-. Así surgió la ciencia o disciplina denominada Folklore (palabra de origen inglés, Folk -pueblo- y lore -tradiciones-). El folclore «como se escribe en español» es el con- junto de costumbres, tradiciones y manifestaciones artísticas de un pueblo (RAE, 2011).
Formación
Las leyendas son narraciones que, de forma similar a los mitos, no tienen un autor o mejor dicho no se sabe quién es. Es posible afirmar, con toda clase de reserva, de que las leyendas, más que un autor, son un producto colectivo; son narraciones de dominio público y, por lo tanto, hay tantos autores como ver- siones, en una misma generación o entre diferentes. En consecuencia, es común la transformación de la leyenda, de forma intencional o casual, cuando se aumenta o quita información, se interpreta o se ac- tualiza la historia. Tal vez la esencia de la leyenda sea su condición de cambio o adaptabilidad y no tanto la veracidad de los hechos o la fidelidad a una versión.
En general, ha ocurrido que una persona con diver- sos intereses (preservación, difusión, comercializa- ción) y cualidades (estilo, claridad, contemplación, reflexión) haga una recopilación de una serie de leyendas para su publicación. Entonces, la leyenda “comunitaria” pasa por un proceso de individua- lización, la del compilador, quien dará forma –en sentido metafórico- a un cuerpo un tanto amorfo a través de una secuencia lógica, la selección del vocabulario adecuado, el empleo de una correcta redacción y en caso necesario, eliminará o agregará aspectos, de acuerdo a sus inclinaciones o preceptos

