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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 10, No10, DICIEMBRE 2011
Facultad de Ciencias Humanas
Las amenazas de atentados terroristas contra los norteamericanos se mantienen vigentes, por ejem- plo, en una grabación de un minuto trasmitida el domingo 24 de enero de 2010 por el canal de noti- cias más importante del mundo islámico, Al Jazeera, Osama Bin Laden aseguró que habría nuevos ataques terroristas si Estados Unidos no cambia su política exterior. Tengan o no lugar nuevos atentados, lo cierto es que la lucha contra el terrorismo también debería tener lugar en la opinión pública, para evitar que las personas, sobre todo los árabes, se inmolen con el propósito de dañar a los Estados Unidos. De acuerdo con Aryeh Neier:
Al hacer una lista de las medidas tomadas desde el 11 de septiembre para reducir el riesgo de sufrir ataques terroristas, brilla por su ausencia cualquier intento de ganar la batalla de la opinión pública. (...) Quizá el factor que más profundice el resentimiento en todo el mundo es el desprecio por las instituciones y las reglas internacionales. Es posible que Estados Unidos no pueda hacer nada para modificar el pensamiento de los que llegan a considerar su propia muerte con tal de dañar a los estadounidenses. Pero se puede hacer mucho por modificar el clima de la opinión en las comunida- des de donde esas personas obtienen la convicción necesaria para proceder así (Neier, 2002, p. 39).
Las amenazas de nuevos ataques terroristas por par- te de Osama Bin Laden ya no tendrán lugar, debido a que el martes 3 de mayo del 2011, el periódico El Universal en su primera plana publicó que la “Opera- ción Jerónimo” de los Estados Unidos en Paquistán, culminó con la muerte de Bin Laden. El presidente estadounidense Barack Obama comentó al respecto que ahora el mundo es un lugar más seguro. Sin em- bargo, la secretaría de Estado, Hillary Clinton, por su parte, dijo que el deceso de Bin Laden no significaba el fin de la batalla contra la red Al-Qaeda. Además, la prensa londinense ya empieza a hablar del médico egipcio Ayman al-Zawahiri –considerado el cerebro de Al-Qaeda y por quien los Estados Unidos ofrece una recompensa de 25 millones de dólares- como el sucesor de Bin Laden.
Ante los riesgos que vive la población inocente del mundo, lo que tenemos que hacer es impedir que el terrorismo se difunda, sin embargo, parece tratarse de un asunto complicado, difícil, irresoluble. ¿Se puede ganar la guerra contra el terrorismo? En pa- labras del que fuera uno de los mejores periodistas del mundo, un humanista que cubrió revoluciones,
rebeliones, golpes de Estado y genocidios, el pola- co Ryszard Kapuscinski (1932-2007): La alternativa es un mundo en riesgo, pero abierto, o un mundo detenido, cerrado, pero seguro. Toda vía intermedia implica saber de antemano que no hay manera de ganar la lucha contra el terrorismo de manera total” (Kapuscinski, 2002, p. 26).
¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para limitar la guerra contra el terrorismo? Por insignifi- cante que parezca, mientras no formemos parte de ese círculo vicioso, algo se puede hacer: Everyone’s worried about stopping terrorism. Well, there’s a really easy way: Stop participatin in it (Chomsky, 2003, p. 141). En breve, si cada uno de nosotros decide no participar en la guerra contra el terro- rismo, en esa batalla demencial, infernal, su poder destructivo disminuye.
¿Qué es lo que sigue? Resulta imprescindible que el ciudadano se eduque, se organice y se manifieste en contra de la manipulación informativa, de las injus- ticias, el racismo, los abusos de poder y las guerras, que abandone su papel de espectador acrítico de pseudorrealidades que le presentan los medios de comunicación, sobre todo la televisión. Razón por la cual se creó el Observatorio Internacional de los Medios (Media Watch Global), para disponer de un arma cívica, pacífica, que van a utilizar ahora los investigadores, académicos, periodistas, estudiantes y ciudadanos en general, para oponerse al nuevo superpoder de los medios masivos de comunicación (Ramonet, 2006).
Por supuesto, no toda la responsabilidad recae en el ciudadano. Los mass media, por su parte, pueden elegir entre dos opciones: “ser garantes e impulsores del desarrollo democrático, o ser meros agentes del control social global” (Albarrán, 2003). En efecto, la prensa juega un papel importante, ya sea para re- producir la enajenación de las masas (Sartori, 1998) o para generar la demanda de información confiable en la que prime el interés y el servicio público, el dato y el hecho comprobables, la información veraz.
Somos testigos de un escenario sombrío: La globa- lización informativa de los grupos mediáticos mun- diales no considera al individuo como ciudadano, sino como un simple consumidor, como un receptor pasivo, apático, indiferente y complaciente. Los con- sorcios mundiales de la comunicación intentan todos los días no sólo captar la atención de los ciudadanos sino apoderarse de su mente, esclavizar su imagi-


































































































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