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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 14, No14, ENERO - DICIEMBRE 2015
Facultad de Ciencias Humanas
laborales o empresariales y constituye un enfoque dentro de las competencias. Según Díaz-Barriga (2006), este enfoque tiene la intención de que los sujetos desempeñen satisfactoriamente tareas en aras de obtener productividad y eficiencia. La otra perspectiva, la de competer, demanda una vinculación directa con el desarrollo integral de las personas. Así, se busca que los sujetos desarrollen habilidades, destrezas, conocimientos, valores y actitudes con la intención de alcanzar un desarrollo integral a lo largo de su vida.
Las competencias para la vida pueden entenderse como aquéllas que serán útiles a lo largo de la vida de los sujetos, para el aprendizaje permanente o aquéllas correspondientes a un ámbito vital más amplio en el marco de las transformaciones que hacen que el mundo cambie con rapidez. Son competencias que preparan para la vida y para desenvolverse en los distintos contextos y situaciones en que se encuentran los individuos.
La bibliografía sobre competencias es amplia y hay múltiples clasificaciones. Existen textos de autores clásicos (Perrenoud, 2007; Delors, 1996; Morin, 1999 y otros) que han inspirado algunas políticas educativas en este sentido.
A Perrenoud se le debe, entre otras cosas, la concepción de las competencias como la puesta en marcha de varios recursos para hacer frente, a partir de la práctica, a una situación concreta en un contexto determinado, mismo que puede ir más allá de lo laboral.
Jaques Delors, en un informe a la UNESCO, establece cómo la educación puede contribuir para enfrentar los desafíos del porvenir:
Al concluir sus labores, la Comisión desea por tanto afirmar su convicción respecto a la función esencial de la educación en el desarrollo continuo de la persona y las sociedades, no como un remedio milagroso -el “Ábrete Sésamo”, de un mundo que ha llegado a la realización de todos estos ideales- sino como una vía, ciertamente entre otras pero más que otras, al servicio de un desarrollo humano más armonioso, más genuino, para hacer retroceder la pobreza, la exclusión, las incomprensiones, las opresiones, las guerras, etcétera. (Delors, 1996, p. 7).
Edgar Morin (2001), también bajo el encargo de la UNESCO, establece siete saberes necesarios para
la educación del futuro: 1) el conocimiento del conocimiento como una primera necesidad por identificar el error y la ilusión que suelen estorbar a la lucidez humana; 2) los principios de un conocimiento pertinente, donde la inteligencia humana pueda ubicar las cosas en un contexto plagado de relaciones mutuas e influencias recíprocas en un todo complejo; 3) la condición humana, que a la vez es física, biológica, psíquica, cultural, social e histórica; 4) la identidad terrenal, caracterizada por la pertenencia del género humano a una misma comunidad de destino, planetaria y globalizada; 5) el enfrentamiento a la incertidumbre, que es lo único seguro en el devenir histórico, siempre cambiante; 6) la comprensión mutua entre humanos, base de una cultura para la paz y una alternativa para que la humanidad salga de su estado bárbaro de incomprensiones destructivas; 7) la ética del género humano que nos lleve a un desarrollo pleno y que rescate y respete las autonomías individuales, las participaciones comunitarias y la especie humana en su conjunto.
En su afán por no permanecer ajeno a las discusiones globales, el Estado Mexicano ha introducido una serie de reformas en el sector educativo por lo menos en los últimos 20 años. Así, en este orden de ideas, la Secretaría de Educación Pública en su Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB), establece cinco competencias para la vida: competencias para el aprendizaje permanente, competencias para el manejo de la información, competencias para el manejo de situaciones, competencias para la convivencia y competencias para la vida en sociedad.
La RIEB nació de una intención política expresada en el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012 y en el Programa Sectorial de Educación de la administración del expresidente Felipe Calderón Hinojosa. Entre los objetivos del Programa está “realizar una reforma integral de la educación básica, centrada en la adopción de un modelo educativo basado en competencias, que responda a las necesidades de desarrollo de México en el siglo XXI” (SEP, 2007, p. 11). Para la RIEB resulta fundamental el papel de los docentes. De acuerdo con Ruiz (2012), “los estudios en la materia han demostrado ampliamente que el profesor es un actor clave en la implementación efectiva de las reformas educativas” (p. 53). De este modo, el docente se ve en la necesidad de reorientar su práctica en función de los nuevos reacomodos y de buscar estrategias didácticas acordes.


































































































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