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Ciencias Sociales y Humanidades
reducen básicamente a tres principios: no facilitar in- formación a las autoridades sobre la vida en prisión, respetar el orden jerárquico de los internos líderes, así como intentar en la medida de lo posible, una existencia lo más alejada posible de los problemas.
Por supuesto que influyen poderosamente varios factores psicosociales del interno para integrarse al proceso de prisionalización, esto es, la adaptación en mayor o menor grado de los usos, costumbres, lenguaje y cultura de la vida carcelaria: su edad, su formación académico-profesional, sus relaciones sociales, su nivel económico, la fortaleza en sus vín- culos familiares y sobre todo, su grado de inserción en la vida delictiva. Como quiera que sea, la socia- lización a la vida carcelaria será inminente y tarde que temprano ejercerá su influencia en el preso.
Tomando como base la propuesta de la hermenéu- tica simbólica y más específicamente, la Filosofía de las Formas Simbólicas de Ernst Cassirer, autor considerado como precursor de la disciplina, nos propusimos avanzar más allá de la percepción objetiva del “interno” y la noción material de su “institución”, para trascender a los elementos que cooperan en la construcción de esa cultura peculiar como lo es la vida en reclusión, así como en sus procesos comunicativos.
La hermenéutica simbólica es una vertiente del pensamiento que se esfuerza por trascender los propios límites de la racionalidad tradicional, se centra en la aleación polémica entre lenguaje y cultura, entre pensamiento y razón. Es la captación específica del hombre en tanto homo simbólicus, distinta de la crítica que permanece anclada en el signo lingüístico arbitrario.
El autor español Andrés Ortiz-Osés acuñó el término de hermenéutica simbólica para designar la inter- pretación anímica o filosófico-antropológica de los valores, la cultura y el sentido desde el proyecto de una “razón afectiva”, partiendo de la tradicional definición de “Hermes” como “interpretación”, en alusión al personaje mitológico que fungía como traductor en el Olimpo.
Pero si bien es inobjetable la importancia de autores contemporáneos dentro de la hermenéutica simbóli- ca, como el mismo Ortiz-Osés o los mexicanos Blanca Solares y Mauricio Beuchot, la propuesta de Cassirer sigue siendo la piedra angular de la disciplina como configuración del sentido de lo real; la hermenéutica
simbólica resulta de una síntesis entre la hermenéuti- ca del lenguaje que emerge a raíz del giro lingüístico propuesto por H.G. Gadamer, el simbolismo de C. G. Jung, los textos de Heidegger y los estudios de P. Ricoeur, así como las aportaciones del Círculo de Era- nos con Rudolf Otto, Mircea Eliade, Gilbert Durand y Joseph Campbell, entre otros, lo que demuestra su influencia dentro de las ciencias humanas y sociales, analizando el lenguaje simbólico profundo del arte, la religión y la cultura (Solares, 2001).
Al “hermeneutizar” (sic) interpretamos la realidad de un modo reversivo o implicativo: desde los rever- sos del ser y la implicación de lo liberado por nuestra razón abstracta, sostienen los integrantes del Círculo de Eranos, logrando así una arquetipología de la cultura. El término símbolo, cuando no es empleado ni en lingüística ni en semiótica, admite definiciones múltiples y variadas como “lo que representa otra cosa en virtud de una correspondencia analógica”, o “la ausencia hecha presencia” (Solares, 1998. p. 67).
El signo convencional, sostiene Cassirer, no hace más que encerrar la significación en términos que le son admitidos social y arbitrariamente; en contraparte, el símbolo amplía las posibilidades de significación, no se circunscribe a una postura conceptual, se aleja de convencionalismos y por tanto, augura una ex- presión más libre (Cassirer, 1999a).
La principal aportación de Cassirer consiste en la distinción de las llamadas “formas simbólicas”, a las que define como “aquellos patrones de comporta- miento humano que representan los elementos y las condiciones constitutivas de una forma superior de sociedad, a la vez que amplían las posibilidades de significación de todas las formas expresivas a las que recurre el hombre en su intento por conservar sus lazos comunicativos con los demás”. Vistas así, las formas simbólicas se constituyen en una “teoría general de las formas espirituales de expresión (...), el arte de utilizar el lenguaje como un vehículo para recorrer lo más alto y profundo, así como también la diversidad del mundo entero” (Cassirer, 1999a. p.8).
Las formas simbólicas que Cassirer distingue son: el lenguaje, el mito, el ritual o rito, la religión y las artes visuales. Para nuestro objeto de estudio, dichas formas simbólicas constituyen una singular variante dentro del proceso comunicativo, que satisfacen las necesidades de integración social que requiere el individuo en confinamiento al aprenderlas y apre- henderlas, haciéndolas parte de su vida cotidiana.
INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 8, No8, DICIEMBRE 2009 19


































































































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