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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 8, No8, DICIEMBRE 2009
Ciencias Sociales y Humanidades
Y de manera contradictoria, esas mismas formas simbólicas que coadyuvan a la integración del in- dividuo a la vida intramuros, a la vez representan un elemento disociativo al momento de recobrar la libertad y pretender integrarse a la sociedad libre, ya que ésta no se encuentra familiarizada con los códigos habituales en reclusión, impidiéndose su cabal reintegración y de cierta manera, favoreciendo el círculo vicioso de la reincidencia por causa del rechazo social.
En el caso concreto de la hermenéutica centrada en la acción simbólica como representación cultural, “se constituye una propuesta para comprender los modos en que los otros comprenden su mundo y su realidad, entendiendo a la cultura como un conjunto de formas simbólicas” (Arriarán, 1999, p. 12). En el ejercicio de la hermenéutica interpretati- va –simbólica, los símbolos sintetizan y concretizan esa diversidad en figuras claramente identificables y reproducibles. Son el medio y la evidencia de la verdad revelada, el conocimiento, que en palabras de J. Chevallier, “revelan velando y velan revelando” (Chevallier, 1986, p. 16) con una gran condensación de significados.
Mediante las formas simbólicas, el hombre no sólo vive en un universo puramente físico o natural, sino que está inmerso en un universo simbólico, en el cual supera su corporeidad humana y se ubica en el plano de la espiritualidad; esfera ideal en donde se le revelan los secretos de los héroes, se le inicia en el mito, se reproducen rituales y se comprende la trascendencia de la deidad supra terrenal, mu- chas veces manifiesta en las producciones artísticas (Amador, 1999).
Entonces se puede decir que para Cassirer existe un doble origen de los símbolos, ya que éstos poseen una naturaleza mágica y conceptual, lo que significa que lo racional y lógico no se puede separar del as- pecto no comunicativo (es decir, no comunicativo en términos de la lógica, pero NO INCOMUNICABLE por otras vías); lo que nos explica la existencia de dichas formas simbólicas desde el punto de vista histórico.
Para sustentar lo anterior, se realizaron visitas a las instituciones que conforman el sistema peni- tenciario capitalino, lo mismo varoniles, femeniles y tutelares de menores –aunque estas dos últimas en menor grado-, tanto penitenciarías como reclu- sorios preventivos, en las cuales se implementaron herramientas de carácter etnográfico para la iden-
tificación de las formas simbólicas más frecuentes y registro de los códigos en uso recurrente, tales como realización de entrevistas, observación no participante y compilación de testimonios para el análisis de las interacciones en su interior. De la información así obtenida, fue posible desgranar a la comunicación dentro de los reclusorios con base en los siguientes criterios:
• Mensaje oral.- (Connotación, denotación) Análisis semiótico, alteración y/o multiplicidad de sentido, caló.
• Mensaje simbólico.- Religión, mitos y ritos. • Mensaje visual.- Uso del uniforme, tatuajes y
grafiti.
• Mensaje de producción material.- Creación artesanal, teatro, poesía y artes visuales.
• Mensaje de acción.- Comportamiento habitual, enclasamiento y jerarquías.
Cabe mencionar que para efectos del presente trabajo, se abordan únicamente los dos primeros criterios, es decir, lo relacionado con el caló, mitos y ritos penitenciarios.
El caló en las prisiones capitalinas
La lengua y el mito son especies próximas, dice Cassirer. En las primeras etapas de la cultura hu- mana su relación es tan estrecha y su cooperación tan patente, que resulta casi imposible separar el uno del otro. Hay incluso quienes intentan explicar al mito como un producto accesorio del lenguaje, pues el lenguaje es en esencia metafórico: incapaz de describir las cosas directamente, apela a modos indirectos de descripción, a términos ambiguos y equívocos que provocan confusiones.
En la mente primitiva el mito y la lengua consti- tuyen una suerte de fraternidad. Ambos se hallan basados en una experiencia muy general y primi- genia de la humanidad, de naturaleza más bien social que física, pues mucho antes que un niño aprenda a hablar, ya ha descubierto medios más simples para comunicarse con otras personas. Así, según F. Max Müller, “la cuestión de la mitología ha resultado, de hecho, una cuestión de psicolo- gía, y como nuestra psique se hace objetiva para nosotros principalmente a través del lenguaje, se


































































































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