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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 8, No8, DICIEMBRE 2009
Ciencias Sociales y Humanidades
escolar, puede explicar parte de la razón de la repro- ducción de la desigualdad social: cabe pensar que los individuos que por su situación socioeconómica precaria tuvieron desnutrición, tienen a su vez menor posibilidad de tener una movilidad social ascendente, debido a una menor capacidad de aprendizaje que los pone en desventaja social (García, Padrón, Ortiz- Hernández, Camacho y Vargas, 2005, p. 118).
El estudio antes citado, además de confirmar la relación entre desnutrición y bajo rendimiento escolar, comprobó que éste ocurría con mayor fre- cuencia en los niños de estratos socioeconómicos bajos, los que estudiaban en el turno vespertino y aquéllos cuya edad discrepaba con el grado escolar (García et al., 2005).
La asistencia y permanencia escolar también im- plica diversos gastos que las familias pobres con dificultad pueden sufragar. La falta de centros escolares en las zonas marginales obliga a quien decide estudiar a viajar varios kilómetros hasta el plantel más cercano. El mejor de los escenarios ocurre cuando hay accesibilidad y transporte, aun con el problema para costear el viaje. En otras condiciones la alternativa de viaje es en bicicleta o animal de carga, pero la única opción, para la mayoría, es viajar a pie. El estudio realizado por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) en 2007, reportó que más de siete millones de niños recorren diariamente más de 15 kilómetros para asistir a la escuela, situación que influye en su rendimiento escolar (Martínez, 2007).
La deserción escolar también es producto de la falta de recursos para cubrir la inscripción o para adquirir los materiales escolares o el uniforme. La Ley de Educación no especifica en ningún artículo la obligatoriedad del pago de inscripción. Al res- pecto, el artículo sexto establece: “Las donaciones destinadas a dicha educación en ningún caso se entenderán como contraprestaciones del servi- cio educativo” (Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, 1993). No obstante, el pago de cuota anual o inscripción en la mayoría de las escuelas no es una opción, sino una obligación porque así lo deciden las autoridades escolares y la sociedad de padres de familia. La imposición se justifica a través del argumento de la falta de recursos econó- micos para la solución de diversos problemas que finalmente son beneficio para la escuela y, por lo tanto, para sus hijos. El desconocimiento de que legalmente la cuota no es obligatoria, la presión
de los demás padres ante la negativa de pago y las posibles represalias por parte de las autoridades, originan el abandono de los estudios de algunos niños. Los testimonios de Lo que dicen los pobres lo confirman:
[...] en las escuelas ya según ellos piden ayuda a uno, yaesunacuotaysinolapaganoleadmitenala criatura en la escuela, no tenemos lo suficiente para darle siquiera el estudio. El caso de Ana es similar: aunque el hijo mayor ya tenía edad para ingresar a la escuela, no tuvo los 250 pesos que le pedían como inscripción, por lo que tendrán que esperar hasta el siguiente año (Székely, 2005, pp. 393, 442).
En 2006, la Federación Nacional de Asociaciones de Padres de Familia denunció que el 80% de alrede- dor de 19 millones de padres de familia con hijos en algún nivel de la educación básica, eran obligados por las autoridades escolares a pagar cuotas que iban desde 250 a 500 pesos. De lo contrario, no habría inscripción o entrega de certificado (Avilés, 2006).
En circunstancias similares ocurre la deserción por falta de dinero para la compra del material escolar o el uniforme. El uso del uniforme no es obligatorio pero tiene diversas ventajas, entre ellas el ahorro del gasto familiar, la seguridad y evitar discrimi- nación entre los alumnos; sin embargo, algunos padres desconocen tales beneficios y consideran que el uso del uniforme implica sólo un gasto más. En relación con la falta de útiles escolares, la decla- ración de Juan Peralvillo en Lo que dicen los pobres ilustra la situación. Él estudió hasta segundo de primaria, y aunque pasó a tercero, su padre dejó de brindarle apoyo económico para los útiles escolares y desde los 11 años de edad se dedica de lleno a procurar su sustento (Székely, 2005). Por su parte, el caso de Ciria Vázquez ejemplifica varios de los problemas que genera la pobreza en la educación:
Ciria se define a sí misma como miembro de la primera generación de estudiantes de su pueblo y recuerda que no había aulas. Las clases transcurrían en el cam- po con los estudiantes sentados en los espinos como asientos. Faltaba mucho a la escuela porque debía ayudar a su padre en las labores del campo. Con todo y las inasistencias, Ciria no tuvo dificultades escolares pues se aprendía todo fácilmente de memoria... Obtu- vo así su certificado de primaria y ya no continuó con la educación secundaria porque la economía familiar no podía cubrir esos gastos: para llegar a la escuela


































































































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