Page 39 - InvUnivMult2009
P. 39
Ciencias Sociales y Humanidades
secundaria más cercana a Bejucal de Ocampo, Ciria hubiera tenido que tomar dos camiones, costo que su padre no estaba en posibilidad de cubrir (Székely, 2005, p. 428).
Por otro lado, si a la pobreza se suma un ambiente familiar de violencia, delincuencia, consumo de estupefacientes, o bien de muerte, abandono o separación de los padres, el desenlace en relación con la educación es que no se estudie o se deje de estudiar. Lo que dicen los pobres lo testifica: “La muerte de su madre determinó la deserción escolar de Ana”. “Su temprana salida de la escuela fue consecuencia de la separación de sus padres y de la consecuente precariedad en la que se vio el hogar encabezado por su madre, quien tenía que sacar al resto de los hermanos adelante” (Székely, 2005, pp. 433, 441).
La relación entre pobreza, natalidad y educación es una correspondencia de causa y efecto, salvo casos de excepción, ya que los mayores índices de natalidad se registran en las zonas o en las familias más pobres. La situación de pobreza supone em- barazos mal llevados (falta de atención médica y mala alimentación), sobreviniendo así, para el niño, enfermedades y desnutrición, que a su vez produ- cen dificultades de aprendizaje y, en consecuencia, ausentismo, reprobación y finalmente deserción escolar, como lo confirma Pablo Serrano (1995). Además, el autor afirma que la situación llevará a que la mayoría de estos niños se emplee en trabajos de poca calificación e informales y, entonces, se cumpla el círculo vicioso de pobreza, que se tras- mite de generación en generación (Serrano, 1995).
A la pobreza individual o familiar, que impide la formación educativa, se suma la pobreza que el propio Estado perpetúa para ciertos grupos sociales y territorios, consciente o inconsciente- mente, sea por falta de presupuesto o planeación, corrupción o intereses particulares o políticos. La exclusión e inequidad educativa pueden ir desde la falta de escuelas, profesores o materiales hasta las inadecuadas condiciones de funcionamiento de una escuela en su infraestructura y servicios. Al respecto, Eduardo Bravo, ex director del Insti- tuto Nacional de Infraestructura Física Educativa, informó que de los 127 mil planteles educativos en el país en 2009, entre 75 y 80% –alrededor de 100 mil inmuebles– no cumplen con “todos” los requisitos mínimos de seguridad, habitabilidad y funcionalidad, condiciones que perjudican de una
forma u otra la labor educativa. Bravo ejemplificó la situación: “Si permanecen seis horas diarias en un espacio donde los baños no funcionan, están sucios; donde las lámparas no sirven, donde los pisos están cuarteados, donde viven sometidos a una temperatura de 40 grados; o a inclemencias del tiempo en invierno, su formación será de ese nivel y entonces su actitud de exigencia en el futuro seguramente será de ese tamaño”. Esas declaracio- nes propiciaron que la SEP solicitara la renuncia al funcionario (Avilés, 2009a). En correspondencia, Enrique Pieck y Eduardo Aguado (1995) afirman:
[...] los principales factores de la desigualdad de oportunidades educativas ya no se remiten exclusiva- mente a la exclusión de ingresar a la edad oportuna al sistema escolar, sino que opera principalmente una segmentación socioeducativa por inclusión a un sistema escolar diferenciado, donde los grupos más vulnerables cuentan con menores probabilidades de permanecer y obtener niveles adecuados de apro- vechamiento escolar (Pieck y Aguado, 1995, p. 29).
En general, las condiciones más adversas se pre- sentan en el ámbito rural, en las denominadas microlocalidades con población de entre 50 y 500 habitantes. Las “escuelas” ahí son aulas multi- grados (seis grados de primaria), algunas acon- dicionadas en zaguanes o incluso en gallineros rentados y sin material sólido de construcción; son edificaciones de madera o palapas. Al respecto, el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), encargado de atender las necesidades educativas de las microlocalidades, informó que 6,000 aulas- escuelas están en estas condiciones; 24,500 son de difícil acceso y no tienen energía eléctrica, y 21,000 funcionan con letrinas. El coordinador nacional de infraestructura del Conafe reconoció que en algunos casos “puede ser que el servicio [escolar] empiece de esta manera” (Avilés, 2009b).
Eduardo Aguado, en su investigación Educación, desigualdad y pobreza, corroboró la situación de desigualdad de oportunidades educativas desde diferentes perspectivas. Así, ratificó que en las zonas rurales los niños cuentan proporcionalmen- te con la mitad de las oportunidades respecto a los niños de zonas urbanas, situación que no sólo afecta a los que son pobres, sino también a los que tienen mejores condiciones de vida en este entorno rural. Por lo tanto, afirmó que “las desigualdades de orden territorial son aún más decisivas que las de base social, es decir, en muchos casos el lugar
INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 8, No8, DICIEMBRE 2009
39

