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Ciencias Sociales y Humanidades
démica, aun siendo indirecta, no por eso resulta menos evidente (Bourdieu y Passeron, 2004). Estas ventajas son aprovechadas y consolidadas por el sistema escolar para la reproducción del orden establecido, sistema que deja en desventaja a los hijos de las clases desprotegidas.
Por su parte, los sujetos de estudio, los pobres, en general consideran que la educación es un medio para salir de la pobreza; no obstante, también hay quien rechaza el postulado o lo acepta de forma relativa. La letanía de muchos padres a sus hijos es que para ser “alguien en la vida” es necesario estudiar. Lo que dicen los pobres es un referente, porque cuando se cuestionó a los encuestados sobre la causa de su pobreza, algunos lo vincula- ron con la educación (Székely, 2005, p. 393). Los siguientes testimonios dan cuenta de ello:
• “Como yo que no sé ni poner mi nombre...”
• “Será porque uno, desde chico no quiso y no aprove- chó lo que le dieron a uno sus padres para estudiar”.
• “Por la falta de preparación de estudio”.
• “Porque muchos de nuestros padres no... pues no nos dieron estudio”.
En forma contraria, la educación no es estimada por los padres para sí mismos como un medio para mejorar su situación o simplemente como un mo- delo que sus hijos puedan imitar. Véase a modo de ejemplo Lo que dicen los pobres respecto a lo que podrían hacer para vivir mejor: la mayoría (42.7%) consideró que trabajar más y sólo una minoría (3.8%) consideró la superación educativa como una opción (Sedesol, 2003). Asimismo, el nivel escolar alcanzado no es un factor prioritario de apreciación de mejoría en el nivel de bienestar intergeneracio- nal; las variables de mayor apreciación están rela- cionadas con las mejoras en la vivienda: que tenga baño, que el piso sea fijo en vez de tierra y que el régimen de propiedad sea privado (Székely, 2005).
En México, la relación educación versus disminu- ción de la pobreza ha sido una correspondencia incierta, porque se ha cumplido en forma relativa si el universo de estudio son casos individuales; sin embargo, en forma absoluta, la relación a escala nacional ha sido compleja y no se ha consumado. Lo anterior lo corroboran Enrique Pieck y Eduardo Aguado cuando afirman que no se han satisfecho las expectativas respecto a los resultados de la educación en su capacidad para combatir la pobre-
za. Agregan que es una paradoja, porque a pesar de haber cada vez más educación –refiriéndose a más escuelas y alumnos en éstas–, también hay cada vez más pobres (Pieck y Aguado, 1995). La relación además es compleja, porque el origen de la pobreza no es únicamente la falta de educación, ni tampoco su erradicación se puede enfrentar so- lamente desde la educación. En todo caso, como lo confirmó José Ángel Pescador, ex titular de la SEP, “se tiene que hablar de una política social integral” (Pescador, 1995).
Según los resultados de Lo que dicen los pobres, la baja escolaridad (primaria incompleta y aun com- pleta) para algunos ha influido poco o nada en la cuestión laboral o en el incremento de ingresos, lo que produce desmotivación y pérdida de con- fianza hacia la educación. La falta de expectativas de una vida mejor, pero sobre todo la ausencia de cambios inmediatos en la situación económica de las familias pobres a través de la educación, es po- siblemente el factor que más incide en la deserción escolar y en la continuidad de estudios entre un nivel educativo y otro. Los casos de Alonso y José, participantes en la encuesta, son ilustrativos. Alon- so concluyó la secundaria y no intentó reanudar sus estudios. El único requisito para ingresar en su actual trabajo –en una granja– fue su acta de naci- miento, sin exigencia alguna de escolaridad, por lo que asegura que un analfabeto puede fácilmente conseguir el mismo empleo. Por su parte, José rela- ta su arrepentimiento de no haber continuado sus estudios, aunque en forma contradictoria dice no estar seguro de que una escolaridad más elevada le hubiera brindado mejores oportunidades de las que ha tenido en su ciudad natal (Chilpancingo, donde trabajó en una compañía llantera durante tres años) y en Estados Unidos (Székely, 2005, pp. 446, 449). La relación nivel de estudios y mayor oferta de empleo ha sido cuestionada por Boron y Torres (1995, p. 112), quienes destacan que “la alta tasa de desempleo de sectores populares con un relativamente alto nivel educativo parece una plaga endémica en América Latina”, aunado a la situación de los que trabajan en algo diferente a su profesión.
A pesar de los casos sin correspondencia educación- mejor nivel de vida, la investigación Lo que dicen los pobres confirmó que la población tiene más acceso al trabajo cuando su escolaridad es mayor, lo que puede o no repercutir en una mejoría salarial y de condición de vida (el 39% de los entrevistados
INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 8, No8, DICIEMBRE 2009
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