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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 8, No8, DICIEMBRE 2009
Ciencias Económico Administrativas
La política debe de ser la expresión del deseo de contribuir a la felicidad de la comunidad más que una necesidad de estafar o destruir a la comunidad. Enseñemos a los demás y a nosotros mismos que la política no puede ser el arte de lo posible, especial- mente si lo posible incluye el arte de la especulación, del cálculo, de la intriga, de los negocios secretos y de la pragmática manipulación, sino que debe ser el arte de lo imposible, el arte de mejorar el mundo y a nosotros mismos (Álvarez de Mon, 2006, p. 10).
A este respecto señalaba Juan Pablo II, en la Re- unión de los Obispos Cubanos de 1998, que cuan- do la escala de valores se invierte y la política, la economía y la actividad social ya no son colocadas al servicio de la gente –seguidores-, la persona hu- mana llega a ser vista como un medio –a la manera de Maquiavelo- más que como el respetado centro, al final de todas estas actividades, y el hombre sufre en su esencia y en su dimensión trascendente. En- tonces, “los seres humanos son vistos simplemente como consumidores, y la libertad se comprende de una manera muy reducida e individualista, o el hombre y la mujer son vistos como meros produc- tores con poco espacio para el ejercicio de las liber- tades civiles y políticas”. Ninguno de estos modelos sociales y políticos genera el clima de apertura a la trascendencia de la persona que busca libremente a Dios (Juan Pablo II, 1999, p. 82).
Así pues, la función del líder debe consistir en incentivar y fortalecer las capacidades, destrezas y habilidades de los seguidores, en otras palabras, dotarlos del empoderamiento del que adolecen (Bennis, 2001), para el logro de sinergias en la conse- cución de objetivos y metas comunes (Drucker, 1992).
Por lo tanto, el liderazgo es un desafío que nos obliga a todos. Como dice Heifetz (1994), citado por Álvarez de Mon (2006), el liderazgo tiene lugar to- dos los días. No es, por tanto, las características de unos pocos, un acontecimiento excepcional o una oportunidad única e irrepetible (Drucker, 1992). Es la capacidad de influir y movilizar a la comunidad para que ésta afronte sus problemas.
El verdadero líder desea y trabaja por su prescin- dibilidad, en ese romper dependencias y ataduras esclavizantes estriba el encanto y grandeza de su misión (Bennis, 2001; Nanus, 1994). El líder procura transformar al seguidor en persona libre e indepen- diente. El líder imprescindible es un contrasentido. Y su paradoja, el líder prescindible, la meta a conseguir (Álvarez de Mon, 2006).
Liderazgo: la autodeterminación
La capacidad y el acto de autodominio se fundan en la condición de persona propia del hombre. “Libertad es autodeterminación”, nos recuerda Alejandro Llano (1985), ya que nadie puede dirigir sin saberse dirigir y ser dirigido a sí mismo. Una persona es un ser que domina su propio ser. Quien no haya aprendido a ser generoso en el hogar, difícilmente podrá serlo después, aunque quisiera, en el ámbito público como refiere Drucker (1992). La entrega desinteresada de sí corre pareja con el sentido de responsabilidad, el control de los instintos, el temple de las capacidades, el dominio del yo y la afirmación del carácter (Llano, 2001). La naturaleza humana es la esencia de la persona humana como principio de operación. Así, la dig- nidad humana es el fundamento de los derechos que se le dan o atribuyen al ser humano: la vida, la libertad o la igualdad.
Porque la virtuosidad del ser humano consiste precisamente en su espiritualidad, es decir, en su inteligencia y en su voluntad. En otras palabras, sólo la persona humana es un “individuo de razón”, como enuncia García (2006) y, como tal, sabe autoli- derarse para poder, posteriormente, dirigir a otros.
Vivimos en un mundo que se presenta complejo y a la vez unitario (Morin, 2007; Zabala, 1999), en donde se hacen más cercanas entre sí las diversas comuni- dades que lo conforman (Valentín et al., 2005) y son más extensos y rápidos los sistemas financieros y eco- nómicos de los que depende el desarrollo integral de la humanidad. Esta creciente interdependencia conduce a nuevas etapas de progreso, pero también tiene el peligro de limitar gravemente la libertad personal y comunitaria (Heifezt y Linsky, 2002), propia de toda vida democrática. Por ello, como dijera Juan Pablo II en la Residencia Presidencial de Los Pinos, México, D. F., 1999, “es necesario favorecer un sistema social que permita a todos los pueblos participar activamente en la promoción de un pro- greso integral, o de lo contrario no pocos de esos pueblos podrían verse impedidos de alcanzarlo” (Juan Pablo II, 1999, pp. 88-89).
Dice Adam Ferguson (1974) sobre el liderazgo y la humanidad, que el hombre es en cierta medida el artífice de su propio ambiente, de su fortuna, y está destinado, desde su más temprana edad, a inventar e idear. A su vez, Llano (1998) nos da su propia interpretación de dicha complejidad, al


































































































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