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Para Gerardo Albarrán, no será sino hasta el siglo XX cuando los periodistas se planteen como objetivo cívico el interés y la responsabilidad social, no sólo el apoyo al gobierno o a los partidos políticos. A partir de este momento, los periodistas inician una autocrí- tica de su trabajo, discuten sobre ética y empiezan a elaborar códigos deontológicos, particularmente en los Estados Unidos. A este respecto, son conocidos los discursos de los periodistas estadounidenses Joseph Pulitzer –creador del premio de literatura que lleva su nombre-, y Walter Lipmann –quien pensaba sobre la generalidad de las opiniones: Donde todos piensan igual, ninguno piensa mucho, ellos, junto con otros, contribuyeron a mejorar el periodismo.
En este orden de ideas surge la pregunta: ¿Qué se entiende por ética y qué por deontología? La ética es un control interior que el individuo ejerce sobre sí mismo y su fin no sólo es el deber en relación consigo mismo, sino en relación con los demás (Merril y Barney, 1981). Mientras que la deontología, es el conjunto de normas mínimas que un grupo de profesionales –en este caso, los periodistas-, establece y que refleja una concepción ética común o mayoritaria de sus miem- bros (Desantes, 1973). Cabe subrayar sobre ambas nociones, que lo importante es que se discutan, que se tengan presentes, que no se dé por terminado en términos generales el debate sobre el comportamien- to moral de los periodistas y su responsabilidad social, que se mantenga abierta la posibilidad continua de discutir (Walzer, 1987), sobre todo en los regímenes políticos democráticos.
Un texto interesante, profundo y sui generis que propone un decálogo ético y profesional para los periodistas tomando como punto de partida los diez mandamientos de la Biblia y a pesar de haber vivido en un régimen comunista, es el del polaco Adam Michnik titulado Decálogo para periodistas, aunque en realidad, para ser precisos, se trata de once puntos.
De acuerdo con lo anterior, a pesar de que tanto la ética como la deontología se encuentran vinculadas a la conducta del periodista y lo orientan y auxilian para encontrar respuestas sobre: ¿Cómo quiere vivir? ¿Cómo se ve a sí mismo? ¿Cuáles son los valores morales que debe respaldar al momento de investigar, recabar y difundir la información?, así como: ¿cuál es la relación que debe existir entre su público y él en el ejercicio de su profesión?, cierto es que en la actualidad se escucha decir -incluso por parte de algunos “periodistas”-, que los códigos éticos no sirven para nada.
Facultad de Ciencias Humanas A este respecto, cabe hacer tres aclaraciones:
1a Los que afirman la inutilidad de los códigos éticos no están expresando una opinión, están defen- diendo un interés, el interés de que las cosas no cambien y ellos puedan actuar con impunidad, sin tener que someterse a ninguna restricción ética ni de cualquier otro tipo.
2a Los que opinan que los códigos éticos no sirven para nada, lo que quieren decir es que no es suficiente que existan tales códigos, hay que conocerlos y aplicarlos, y
3a Los que afirman la nulidad de los códigos éticos argumentan que las circunstancias de los medios son tan cambiantes y particulares que resulta de poco provecho las indicaciones generales de tales códigos, sin embargo, lo que quieren decir, es que los códigos no lo resuelven todo. Sobre éste último punto, cabe señalar que los códigos éticos aportan indicaciones que siguen siendo válidas para la amplia mayoría de los casos que suelen presentarse en el ámbito público, las acepten o no los detractores de los mismos (Aznar, 2004).
En el caso de México, un texto precursor en el estu- dio de la ética periodística es el del comunicólogo, Raúl Trejo Delarbre intitulado Volver a los medios, de la crítica a la ética, (1997). El debate sobre la ética periodística en nuestro país es tardío, debido a que el México posrevolucionario vivió décadas de control gubernamental bajo los regímenes del Partido Revolu- cionario Institucional (PRI), 70 años de gobierno priista perfilaron un modelo de dádivas, complacencia, coop- tación, subordinación y en los años de 1968 y 1971, de persecución y supresión de la disidencia política, sobre todo de los movimientos estudiantiles de esos años.
Con base en lo anterior, otro texto de consulta im- prescindible se titula Códigos de ética periodística en México, (2009), escrito por el presidente de la Fundación Manuel Buendía, Omar Raúl Martínez. En su libro el autor no sólo realiza una valiosa re- copilación, revisión y un análisis crítico de la deon- tología y la ética periodística de nuestro país, sino que además, valora su vigencia y los da a conocer para que los periodistas los tengan presentes y se comporten en el ejercicio de su oficio con mayor profesionalismo, responsabilidad y compromiso social, ya que, según datos de su obra, de los cerca de 3,150 medios existentes, sólo el 0.95% cuenta con un código de ética que los dirige.
INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 10, No 10, DICIEMBRE 2011
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