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Retomando el tema central de este escrito, otro ejemplo de la forma en cómo los mass media se alían con su gobierno es el siguiente, tras los ataques con aviones comerciales a las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York consideradas símbolo del poder económico (ver imagen 1), al Pentágono –centro del poder militar- en Washington D. C., y un cuarto avión, que se dijo había sido derribado antes de estrellarse contra su objetivo, la Casa Blanca –baluarte del poder político, nuevamente se repro- duce la contradicción y la prensa estadounidense abandona el pretensioso papel de guardián frente al poder y parece más su vasallo.
Imagen 1.
Caída del WTC en la Ciudad de Nueva York “9/11”. Fuente: www.september11news.com. Imagen recuperada el 22 de febrero de 2012.
Estas frases que fueron dichas en 1991, al iniciarse la intervención estadounidense en el Golfo Pérsico, son igualmente aplicables a la actual invasión contra Irak, pues entonces como ahora, en los hechos los medios han servido como agentes de propaganda del gobierno, difundiendo la versión oficial de la administración del presidente George Bush en el primer caso y posteriormente de su hijo George W. Bush, sin ningún contrapeso crítico e incluso omi- tiendo voces discordantes. Esto dificultó la distinción entre la línea política gubernamental y la línea edi- torial, como resultado, se logró obtener un inmenso respaldo del público estadounidense a la guerra.
Cabe agregar a los daños materiales y simbólicos a las imágenes que representan la hegemonía plane- taria de los EE. UU., un efecto sin el cual los atenta- dos no hubieran tenido un alcance global, es decir, las repercusiones en los mass media, en términos generales, gracias a la televisión e Internet, Osama
Bin Laden se convirtió de un día para otro para los occidentales, en el hombre más famoso del mundo, y para los musulmanes, en una especie de profeta mesiánico electrónico. A partir de ese momento se empezó a hablar por primera vez en la historia, de un nuevo tipo de terrorismo, de un terrorismo global (Ramonet, 2002, pp. 160-167) que traspasa las fronteras del Estado-nación.
Es importante mencionar que los EE. UU. no habían sido agredidos desde la guerra contra Inglaterra en 1812, a pesar de que algunos como la historiadora Marialba Pastor consideran el ataque al puerto de Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 -ese día los japoneses atacaron la flota norteamericana lo cual determinó el ingreso de los estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial- como el antecedente inmediato al atentado del 11 de septiembre, pero no es así, siendo precisos, ese ataque fue contra una de sus colonias, no contra su territorio nacio- nal (Chomsky, 2001, pp. 13-14; Chomsky, 2005, pp. 47-48). Entonces como ahora, los Estados Unidos reaccionaron y a las acciones bélicas emprendidas por ellos después del 11 de septiembre de 2001, se les conoce con una expresión vaga como guerra contra el terrorismo, y a pesar de que se trata de una ofensiva contra un enemigo desconocido, anónimo, dos de los principales aliados de los estadounidenses en esta guerra son Inglaterra y España.
En cuanto a la cobertura de los atentados terroristas del 11 de septiembre por parte de los mass media en los Estados Unidos, ¿qué es lo que se apreció en la mayoría de ellos? Lo que informaron las cadenas televisivas como CBS, ABC, NBC, Fox, CNN, Telemun- do y Univisión; lo que trasmitió la mayor cadena de estaciones de radio del país, Clear Channel; lo que publicaron las editoriales del Washington Post y las revistas Time y Newsweek, coincidían en un punto se- gún Ferreira y Sarmiento (2003): se mostraron a favor de la guerra. Y lo mismo sucedió cuando los Estados Unidos atacaron a Afganistán e invadieron a Irak. Pero eso no es todo, los mass media han practicado la autocensura para que el pueblo estadounidense y los países que lo apoyaron, no se desanimaran en el apoyo a la invasión a Irak. En breve, los mass media han violentado la ética periodística, ya que no han difundido información, no han dado a conocer los hechos tal y como se presentaron, noticias, sino pro- paganda (Pizarroso, 1991). ¿Acaso podríamos esperar algo diferente después de que sucedió lo mismo en el conflicto del Golfo Pérsico? Estos sucesos podrían resultar reveladores para algunos, aunque no para
Facultad de Ciencias Humanas
INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 10, No 10, DICIEMBRE 2011
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