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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 12, No12, ENERO - DICIEMBRE 2013
Facultad de Ciencias Humanas
De acuerdo con el Informe Mundial sobre las Dro- gas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el mercado más grande del mundo en materia de consumo de drogas es el nor- teamericano (ONU, 2012, p.10), en donde se registra el mayor porcentaje de consumo de marihuana, opioides, opiáceos, cocaína, anfetaminas y éxtasis. Para su abastecimiento, la droga producida en paí- ses sudamericanos, como Colombia, Perú y México, principalmente, es transportada hasta llegar a su destino final en los principales centros de consumo en nuestro vecino del norte. También es sabido que en algunos estados de la Unión Americana se ha dado una “legalización silenciosa” que permite el consumo para fines “medicinales” de ciertas drogas en 14 estados de la Unión Americana, tales como la marihuana; incluso en el Estado de California ya se ha discutido la aprobación del consumo de ésta con fines recreativos, no sólo médicos.
Pero ¿por qué se combate al narcotráfico? La res- puesta a esto se debe a que el consumo de drogas ilegales es a la postre perjudicial para la salud, además de las repercusiones que conllevan en la conducta de los consumidores al ver mermadas su capacidad para el trabajo y porque incurren en actividades delictivas para hacerse de recursos para adquirir su droga, que conlleva al incremento en los niveles de violencia. Es claro que el consumo de ciertas drogas ilegales puede ser causa de la ruptura del tejido social.
Por otra parte, la actividad del narcotráfico afec- ta de varias maneras en la actividad económica; además de las infiltraciones que hacen los narco- traficantes en las estructuras financieras y políticas de los estados, convirtiendo este problema en un fenómeno de difícil extirpación en la sociedad.
Sin embargo, y aunque cada vez se destinan mayo- res recursos a la atención y al combate del narco- tráfico y los problemas asociados, no se ha podido incidir de manera satisfactoria en la reducción de la cantidad de drogas que a diario se comerciali- za en las calles. Junto al incremento del uso de drogas ilegales, la demanda también aumenta, lo cual provoca que el cultivo, la producción, el acondicionamiento, la distribución y el tráfico de estas sustancias lleguen a ser, conjuntamente con el lavado de dinero, actividades sumamente lucrativas que afectan la dinámica social de muchos países, incluyendo el nuestro.
En la actualidad los resultados que se han obtenido de la Guerra contra la Delincuencia Organizada pueden ser sujetos a diversas interpretaciones, pero en lo que no existe duda es que aunque aún distan de ser los esperados en comparación con las expectativas creadas, los costos, demás recursos in- vertidos en la erradicación de cultivos y el alarmante incremento de las ejecuciones atribuidas a la lucha desatada entre los cárteles de la droga, nos lleva a considerar la indispensable necesidad de modificar la estrategia.
Es decir, a pesar del presupuesto asignado en la lucha contra el narcotráfico en nuestro país, los muchos miles de millones de pesos que se han ocu- pado para “desmantelar” a los cárteles, a través de la captura de sus líderes y realizar algunos decomi- sos de droga y dinero proveniente de la actividad ilícita, han sido inútiles para impactar la estructura del narcotráfico y tampoco para la reducción de la oferta y demanda de la drogas ilícitas.
La estrategia panista de combate al narco tuvo dos vertientes principales: la captura de capos y los decomisos de drogas. La captura de capos a la postre resultó inútil dado que inmediato el narco capturado o muerto encuentra su reemplazo y, por la otra parte, el decomiso de drogas no es el mejor indicador para medir el éxito en el combate a los cárteles, dado que es sólo una variable más, ya que la pérdida de droga se compensa con la elevación de su costo en el mercado (Aguilar, V. y Castañeda, J., 2009, p. 49). Se considera entonces que es una estrategia fallida porque sólo ha consistido en co- misionar efectivos militares, marinos y policíacos a ciertas ciudades como Ciudad Juárez, Morelia, Monterrey, Nuevo Laredo, etcétera, pero la violen- cia lejos de disminuir, se ha incrementado. En otras palabras, “si se trataba de infundirle a la ciudadanía una sensación de mayor seguridad, el fracaso es patente” (Aguilar, V. y Castañeda, J., 2009, p. 49). El operativo militar propicia la violencia y su aumento exponencial, ya que la violencia genera violencia.
La procuración de justicia
La procuración de justicia del Estado parte de la prohibición absoluta en México a toda persona de hacerse justicia por sí misma y de ejercer violencia para reclamar su derecho. La función de procuración de justicia consiste en la persecución ante los tribu- nales de todos los delitos que se cometan en el país. Ésta recae sobre una institución que se denomina

