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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 12, No12, ENERO - DICIEMBRE 2013
Facultad de Ciencias Humanas
de su interacción de significados, adquieren un nuevo sentido, que es interpretado por el lector de acuerdo a sus propias experiencias, cultura y conocimientos (Tappan, 2004). Con ello puede verse que la obra del diseñador debe satisfacer las necesidades de la época.
Es así como el aura sacralizada atribuida al libro, poco a poco cede el espacio a una discusión so- bre el libro como objeto de la tecnología y como interfase, (Ribeiro, 2012) impactando de manera determinante a las prácticas de lectura y la relación del lector con los objetos de lectura. Visto de esta manera, el libro electrónico constituye una metáfo- ra del libro impreso, pues a pesar de las distancias que pudiéramos encontrar entre uno y otro, lo cierto es que algunos factores, como la diagrama- ción y la composición tipográfica son constantes que prevalecen a pesar del cambio de soporte de la obra, estos elementos se presentan de manera virtual como una analogía de la realidad. A pesar de los cambios que forzosamente implica la traslación del objeto libro al medio digital, en cuanto al uso de la tecnología que permite su materialización, su esencia permanece y aprende a convivir en un contexto que parece abrir posibilidades para encontrarse con todo aquello que encierra este objeto de lectura.
Los libros electrónicos, susceptibles a ser visualizados en un dispositivo móvil, tienen un evidente propósi- to pragmático, la apropiación diferenciada del libro, que consiste en el uso de un formato bidimensional que remite al tradicional, por medio de recursos gráficos animados que contribuyen al desarrollo del lector y con ello al desarrollo de la cultura.
Pero, ¿qué sucede con la portada del libro conside- rada como uno de los elementos más importantes para su venta?, pues en esta metamorfosis que se presenta de lo impreso a lo digital se modifi- ca su función ¿En dónde queda esa presencia?, de acuerdo con lo mencionado por Powers (en Fawcett-Tang, 2004), las mejores cubiertas son aquéllas que parecieran tener una especie de ero- tismo oculto, pues llegan a encontrar la parte de nuestra personalidad que se presenta indefensa ante su presencia para movernos a tomarla entre nuestras manos. Pareciera que esta función habría de modificarse al realizar su viaje hacia el mundo digital, conservando sólo esa función de la que tanto se ha hablado sobre que una portada debe comunicar de manera clara el contenido de una
publicación, pero ¿acaso deberá conformarse con ello? Esta constituye un área de oportunidad para el análisis y la reflexión, asimismo, abre las puertas al ámbito de la imagen y sus implicaciones en el proceso de comunicación
Las fronteras icónicas del libro
La existencia del mundo de las imágenes es en gran medida un registro con el que el ser humano ha hecho evidente su presencia y sus aportaciones; los imaginarios colectivos asignan valores que fun- cionan hoy en día como sentido de pertenencia e identificación para las colectividades quienes otor- gan los significados asignados a las imágenes. Las imágenes por tanto, muestran la realidad, hablan desde su leguaje concreto haciendo de quien se encuentra ante ellas, una extensión de las mismas. Su aspecto y conformación otorgan el significado que se convierte en una totalidad sin tener que desorganizarla, porque se conforma de los mismos elementos constitutivos.
La virtualidad del libro electrónico ha trasladado esta tradición representativa de la estética del objeto en sus tres dimensiones, hacia los modos que identifican la experiencia tangible pero vista dentro de un orden distinto; este nuevo contexto, permite ubicar los mismos referentes funcionales dentro de la totalidad de la imagen (traída a la pantalla). El traslado del libro tradicional al libro electrónico no ha dejado hojas sueltas, su virtuali- dad se adhiere a la articulación de las características originales del libro, lo que ha permitido que su tránsito tecnológico ilustre literalmente sus valores representativos y estéticos.
El cambio de la experiencia es parcial, ya que ambas -la de tener un libro en las manos y la del libro elec- trónico- se encuentran en una intersección tecnoló- gica que mantiene intactos los referentes hacia el objeto dentro de un nuevo orden, funcionando así como entidades dobles del mundo según lo describe Diego Lizarazo (2007) en el libro Sociedades Icónicas. Encantamiento de la imagen y extravío de la mirada en la cultura contemporánea.
Los procesos tecnológicos se contemplan como una plataforma que facilita la visualización del libro en la pantalla de un dispositivo móvil o de una com- putadora, lo que hace posible en la actualidad, reproducir las características icónicas de un libro en una imagen digital:


































































































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