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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA MULTIDISCIPLINARIA - AÑO 12, No 12, ENERO - DICIEMBRE 2013
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Facultad de Ciencias Humanas
La elucidación de lo que culturalmente llamamos “las imágenes” llama, por todas sus puntas, a la pluralidad de miradas y la diversidad de posiciones teóricas. Nada en la imagen escapa a las diferencias y los contrastes: desde sus propiedades materiales más concretas, hasta sus más etéreas implicaciones significativas; desde sus posibilidades estéticas, hasta sus usos cognoscitivos. Frente a este abigarrado panorama podemos reconocer un tramado maestro de cuatro grandes conflictos: el de la definición de su naturaleza, el de sus alcances, el de su densidad, y el de su interpretación (Lizarazo, 2004, p. 14).
En la realidad del libro impreso se reconocen cultural y significativamente todos y cada uno de sus compo- nentes pues se han asimilado a través de la historia; es posible pensar entonces en la réplica de dichos elementos reconocidos ahora como factores cultura- les que permiten al libro electrónico, una existencia icónica factible y concreta. La utilización de dichos referentes culturales propios del libro impreso ta- les como las cubiertas, la tipografía y las imágenes que ilustran los textos, permiten la elaboración de reglas culturales aptas para dar sentido colectivo hasta cierto punto, al “objeto electrónico” ya que su función reconoce las reglas establecidas para la representación, así como del significado general.
La semántica de las imágenes apela al contexto, a los usos, a lo simbólico y no sólo a las categorías y taxonomías de tipo estructural y lógico (Lizarazo, 2007). El libro electrónico como huella del libro im- preso, promueve una serie de experiencias estéticas y de la misma imagen ligadas a las denotaciones determinadas simplemente por el aspecto general de lo representado, es decir, por la evocación de las características materiales del libro impreso. Lo que sucede entonces dirige a la reestructuración y reorientación del objeto libro en relación con todas la pautas retomadas y representadas en el libro electrónico, pues aluden necesariamente a las repre- sentaciones culturales preestablecidas y se realiza también, un acto perceptivo en el que se adaptan los objetos a los alcances icónicos de lo que se ha representado -un catálogo de cosas seleccionadas y reconocidas-.
Se trata entonces de un carácter analógico que permite utilizar los componentes que son reasig- nados dentro de su originalidad y que pueden ser reconocidos y aceptados en sus propiedades para la reconstrucción de nuevos aspectos ya determinados
por los significados culturales, de tal forma que se introduce un cambio pragmático con el uso del libro electrónico en el que se asume nuevamente la coe- xistencia del hombre y la máquina y no de manera aislada como se supone pasa cuando se implementa una nueva tecnología.
El libro electrónico adquiere entonces una forma representativa propia de la imagen y hace evidente esta condición, gracias al fundamento tecnológico en el que se soporta, lo que implica una referencia clara y específica de las determinaciones culturales establecidas para su reconocimiento tales como los aspectos de configuración y de uso, pues el objeto original y la nueva aportación tecnológica poseen similitudes que permiten la apropiación del mismo.
Bajo esta perspectiva, la traslación de valores de un objeto hacia otro nuevo y parcialmente diferente, se apoya de manera natural en la aproximación sensorial para establecer esos vínculos desde la percepción y desde la introducción de un aspecto “no físico” pero reconocible para la elaboración de un nuevo “catálogo” icónico significativo propio de la cultura tecnológica.
Esta elaboración icónica se realiza específicamente en el cambio de las propiedades llevadas a un es- pacio virtual, creando una semejanza con la página del libro impreso y de esta forma se le otorga una representación análoga, figurativa e icónica, respe- tando su función original.
Mediante este proceso, se determinan las propieda- des de representación en el nuevo artefacto icónico; es entonces cuando se promueve la significación como un encuentro de convencionalidades repre- sentativas del objeto en su condición tradicional. Esta relación del objeto reinstaurado dentro del ima- ginario cultural, resuelve un “catálogo” diferente que aproxima el reconocimiento icónico, basado en los referentes anteriores del uso y función del objeto original. “Sus propiedades plásticas se orientan a la producción de una experiencia sensorial, pero no se agotan en ella, porque propician también signifi- cados: el acto icónico aflora valores denotativos, y puede alcanzar significados narrativos” (Lizarazo, 2003, p. 75).
Los procesos de transformación histórica imple- mentaron el uso de artefactos que han ido trans- formando los modelos culturales de significación así como las formas en que son asimilados dentro


































































































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